sábado, 21 de febrero de 2015

Danzad, danzad, malditos


Héctor Illueca Ballester 
Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social.
[España]

La primera vez que vi Danzad, danzad, malditos (They Shoot Horses, Don’t They?, 1969) me impresionó vivamente la mirada pesimista y lúcida de Sidney Pollack. Ambientada en la Gran Depresión, la película evoca un inhumano maratón de baile en el que los concursantes tienen que seguir bailando hasta el límite de su resistencia, con la esperanza de obtener un premio de mil quinientos dólares en plata. A cambio de tres comidas diarias, durante varias semanas un ejército de perdedores sirve de entretenimiento a un público acomodado que se divierte morbosamente con la degradación física y moral de los participantes. Pollack utiliza un brillante lenguaje figurativo para interrogarse por las razones que llevan al ser humano a aceptar las leyes del mercado y a sufrir resignadamente sus consecuencias: precariedad laboral, exclusión social y desempleo generalizado. A lo largo del metraje, los protagonistas miran reiteradamente hacia la puerta, pero algún motivo oculto y poderoso los retiene en la pista de baile. Incapaz de imaginar una salida, Gloria Beatty (Jane Fonda) apela a una rebeldía individual y aislada que la conduce a la desesperación y, finalmente, al suicidio.


La metáfora de Pollack constituye un magnífico punto de partida para analizar las causas que determinan el consentimiento colectivo a la implantación de una sociedad de mercado configurada con arreglo a los parámetros del neoliberalismo. Curiosamente, la coacción y la violencia han jugado y juegan un papel secundario en el desarrollo del proceso, lo que invita a preguntarse por las circunstancias que posibilitan la aplicación incontestada de un programa favorable a los sectores más privilegiados de la sociedad. O, por expresar la idea desde otro ángulo, uno de los rasgos más característicos del huracán neoliberal que se ha desatado en nuestro país es la ausencia de un conflicto político-social acorde con la intensidad de las transformaciones que estamos experimentando. Aunque podría haber turbulencias en el horizonte, hasta ahora la progresiva mercantilización de la existencia social se ha enfrentado a resistencias de muy baja intensidad, neutralizando la acción de los instrumentos colectivos y arrojando a las personas a una lucha solitaria en la que, como le sucedía a Gloria Beatty, no pueden vencer.

Tradicionalmente, este fenómeno ha sido explicado apelando a la creciente influencia de los medios de comunicación, que fomentan la lealtad y la obediencia de los individuos a partir de una combinación heterogénea de seducción consumista, manipulación informativa y entretenimiento barato. Desde este punto de vista, la cruzada cultural librada por los medios serviría de apoyo y complemento a la hegemonía ideológica ejercida por la clase dominante, frustrando o mermando cualquier posibilidad de emancipación de los grupos subalternos. De este modo, la ideología neoliberal impregna nuestra vida cotidiana y determina la conformación de las relaciones sociales, erigiendo un sólido entramado cultural que garantiza el predominio de las élites y les permite neutralizar cualquier rebelión. En definitiva, la manipulación y el adoctrinamiento de los medios alumbrarían un sistema de dominación muchísimo más eficaz que el viejo aparato penal encaminado a perseguir la miseria y criminalizar a los pobres con el fin de someter a los sectores insubordinados.

Sin negar lo acertado de estos planteamientos, parece que la crisis económica desatada en 2008 ha inaugurado una nueva fase en la gubernamentalidad neoliberal, convirtiendo el paro y la precariedad laboral en los principales instrumentos a disposición del bloque dominante para organizar la lucha de clases. En cualquier sistema económico existen relaciones de poder que despliegan estrategias específicas para sojuzgar y dominar a las clases subalternas mediante un proceso que combina eficazmente obediencia y represión. Pues bien, en la sociedad que está emergiendo de la crisis, el desempleo masivo y la precariedad laboral constituyen dispositivos estratégicos para domeñar a los trabajadores y neutralizar los conflictos sociales, fabricando un hombre nuevo y radicalmente limitado en sus posibilidades de actuación individual y colectiva. Considerados conjuntamente, ambos fenómenos actúan como factores disciplinarios susceptibles de arrumbar la voluntad política de las personas, reducidas a la condición de ciudadanos atrapados en un presente incierto y atenazados por el miedo a un futuro imprevisible y amenazador.

En efecto, desde el inicio de la crisis millones de personas han sido violentamente golpeadas por fuerzas misteriosas que escapan a su control e incluso a su comprensión (“pérdidas actuales o previstas”, “flexibilidad”, “prima de riesgo”…), viéndose súbitamente privadas de sus medios de vida, expulsadas de sus viviendas o degradadas en sus condiciones de trabajo. Cualquier joven español sabe que la inestabilidad será la característica definitoria de una vida laboral repleta de contratos temporales, despidos imprevistos o episódicos empleos a tiempo parcial. Sectores crecientes de la población perciben que su actividad laboral ya no basta para conseguir una existencia digna y contemplan la exclusión social como un horizonte posible que podría actualizarse en cualquier momento. Expulsados de la ciudadela laboral que les protegía de las inclemencias del mercado, las personas desempleadas y los trabajadores precarios han perdido cualquier capacidad de control sobre su vida laboral, siendo presa fácil de un azoramiento colectivo que paraliza su acción solidaria para revertir la situación en que se encuentran.

En la actualidad, el paro y la precariedad laboral se han convertido en poderosos instrumentos de control que acompañan al panoptismo social típico del neoliberalismo. En realidad, la intensificación de la coerción penal que abandera el Partido Popular sería manifiestamente insuficiente si no estuviera complementada por una coerción económica mucho más sutil que se escamotea al escrutinio público y facilita la labor de las instituciones panópticas orientadas a la represión. Discretamente, casi como un susurro, las víctimas del mercado autorregulado llevan consigo la buena nueva a quienes todavía no han sufrido los efectos de la crisis, o lo han hecho en menor medida, forzándoles a contemplar el futuro con desconfianza y escepticismo. Como relata la película de Pollack, la extensión del desempleo y la precariedad a una escala nunca vista provoca que los individuos abandonen la acción colectiva y se entreguen a una lucha solitaria e individual por la supervivencia. Se trata, en definitiva, de una fuerza individualizadora muchísimo más eficaz que todas las cruzadas culturales realizadas para embrutecer a la ciudadanía y muchísimo más pulcra que la nuda represión desplegada contra los trabajadores.

Partiendo de esta base, es posible afirmar que cualquier proyecto político que aspire a transformar la sociedad debe situar en primer término la adopción de medidas orientadas a erradicar el desempleo y la precariedad laboral. O, por expresar la idea con mayor precisión, la resignación y el individualismo que atenazan a los ciudadanos están relacionados con la incertidumbre e inseguridad que imperan en las relaciones de trabajo, y sólo pueden ser vencidas extirpando el desempleo y la precariedad laboral. Por eso es tan importante que se esté abriendo paso en nuestro país la propuesta de trabajo garantizado ideada por Hyman Minsky en la década de los ochenta. La transformación del Estado en empleador de última instancia permitiría, no sólo alcanzar el objetivo del pleno empleo, sino también detener y revertir el deterioro acelerado de las condiciones de trabajo que se viene produciendo en España desde que estalló la crisis económica. En el marco de un proceso constituyente, el trabajo garantizado podría convertirse en el centro de un nuevo contrato social más democrático y responsable, basado en una profunda democratización de la economía que refleje un nuevo equilibrio de fuerzas entre clases.

miércoles, 18 de febrero de 2015

PLUTARCO - La Inconveniencia De Contraer Deudas

1.         Platón prohíbe en las Leyes que un vecino se abastezca del agua de otro a menos que haya realizado una perforación en su finca hasta la capa de tierra llamada arcillosa y haya descubierto que carece de acuífero; pues la tierra arcillosa, debido a su naturaleza grasa y compacta, retiene la humedad que le llega y no la deja pasar. Prescribe, en cambio, que quienes no puedan conseguir agua propia, se abastezcan de la de otro, pues la ley debe remediar la necesidad. ¿No debería, entonces, haber también una ley sobre el dinero que prohibiera a la gente tomarlo prestado de otros y acudir a manantiales ajenos sin haber comprobado antes en casa los recursos propios y haber reunido, como si lo hicieran gota a gota, lo útil y necesario para ellos? Pero, en lugar de eso, por lujo, molicie u ostentación, no sacan partido de los bienes que poseen y, sin necesitarlo, piden préstamos a un elevado interés. Buena prueba de ello es que a los pobres no les prestan, sino a los que desean procurarse alguna clase de bienestar. Y uno presenta un testigo y un avalista cuando pide, puesto que tiene bienes, obtener crédito, aunque no debería pedir un préstamo puesto que tiene bienes.

2.         ¿Por qué haces la corte a un banquero o a un hombre de negocios? Toma un préstamo de tu propia mesa. Tienes copas, platos, fuentes de plata: supedítalos a tus necesidades. En su lugar, adornarán tu mesa la bella Áulide o Ténedos  con su vajilla de cerámica, que es más limpia que la de plata: no tiene el olor pesado y repugnante de los intereses que ensucian la ostentación como si cada día le añadieran una capa de orín. Tampoco te recordará las calendas ni la luna nueva, día que los usureros hacen, a pesar de ser el más sagrado de todos, maldito y odioso. Pues a quienes empeñan sus bienes en lugar de venderlos, ni siquiera el dios B Protector de la propiedad  podría salvarlos. Se avergüenzan de aceptar un precio, no se avergüenzan de pagar intereses de sus propios bienes. Y sin embargo, el célebre Pericles mandó que hicieran desmontable el ornamento de la diosa, que pesaba cuarenta talentos de oro puro. «Para que podamos emplearlo, dijo, en la financiación de la güeña y luego restituirlo en la misma cantidad». Nosotros igualmente, como si estuviéramos asediados, cuando nos encontramos en la necesidad no debemos acoger una guarnición de un usurero, un enemigo, ni resignamos a ver nuestras propiedades sometidas a esclavitud. Por el contrario, eliminemos lo que no es útil de la mesa, la cama, los carruajes, el género de vida, y preservemos nuestra libertad con la confianza de que lo restituiremos si nos favorece la suerte.

3,         Las romanas entregaron como ofrenda a Apolo Pitio las alhajas con las que se fabricó la crátera de oro que fue enviada a Delfos; y las cartaginesas se afeitaron la cabeza y ofrecieron sus cabellos para tensar las máquinas y los instrumentos en defensa de su patria . En cambio nosotros nos avergonzamos de ser autosuficientes  y nos esclavizamos con hipotecas y pagarés, cuando tendríamos que limitamos y ceñimos a lo estrictamente necesario y, con la supresión o la venta de lo innecesario y superfluo, erigir un santuario de libertad para nosotros mismos, nuestros hijos y nuestras mujeres.

La diosa Ártemis de Éfeso ofrece a los deudores, cuando se refugian en su santuario, asilo e impunidad frente a los acreedores; pero el asilo y santuario inviolable de la vida sencilla tiene sus puertas abiertas para los sensatos donde-quiera que se encuentren, a la vez que les ofrece un amplio espacio de ocio lleno de dicha y de todos los derechos cívicos. La Pitia reveló a los atenienses en las guerras médicas que el dios les otorgaba un muro de madera, y ellos abandonaron su tierra, su ciudad, sus posesiones y sus casas y se refugiaron en las naves para defender su libertad; igualmente, a nosotros nos da la divinidad una mesa de madera, una vajilla de cerámica y un manto burdo si queremos vivir en libertad.

Tú no aguardes la caballería

ni carruajes tirados por dos animales y con incrustaciones de marfil y plata: los intereses los alcanzan con rapidez y los adelantan; montado en un asno cualquiera o un rocín, huye del usurero enemigo y tirano, pues no pide tierra y agua como el medo  sino que atenta contra tu libertad y trata de despojarte de tus derechos cívicos . Si no le pagas, te acosa; si tienes dinero, no lo acepta; si vendes, rebaja el precio; si no vendes, te obliga a hacerlo; si ejerces como juez, te recusa; si prestas juramento, él te lo dicta; si vas a su puerta, te la cierra; si te quedas en casa, sienta allí sus reales y llama a la puerta.
         
4.         ¿Qué beneficio procuró Solón a los atenienses cuando les prohibió contraer deudas poniendo sus personas como fianza?. Pues son esclavos de todos sus depredadores; pero más que de éstos —¿pues qué tendría eso de terrible?—, lo son de esclavos  insolentes, bárbaros y salvajes como los feroces torturadores y verdugos que en el Hades, según Platón , se encargan de los que han sido impíos. Y en efecto, éstos hacen del ágora un lugar de impíos para los desgraciados deudores y, como buitres, los devoran y roen poco a poco, «hundiéndose en sus entrañas»; y puestos al acecho sobre otros, los atormentan como a Tántalos impidiéndoles saborear sus propios bienes mientras los están vendimiando o cosechando.

Darío envió contra Atenas a Datis y Artafemes con cadenas y ligaduras para aherrojar a los prisioneros , y de manera semejante ésos llevan contra Grecia recipientes llenos de contratos y pagarés como si fueran grilletes; marchan contra las ciudades y las atraviesan no sembrando un fruto B agradable como Triptólemo , sino plantando raíces de deudas, raíces que producen muchos daños y muchos intereses, son difíciles de evitar y, con su difusión en círculo y crecimiento progresivo, doblegan y ahogan a las ciudades.

Las liebres, según dicen, a la vez que están criando una camada paren otra, y estando preñadas conciben de nuevo, pero los préstamos de esos picaros y bárbaros paren antes de concebir: en efecto, reclaman a la vez que están dando y mientras depositan el dinero se lo están llevando, y prestan el interés de lo que han prestado.

5.         Se dice en Mesenia que
Hay una Pilos antes de Pilos y hay además otra Pilos; y se podrá decir respecto a los usureros: «Hay un interés antes del interés, y hay además otro interés». Por consiguiente, deben de burlarse de los físicos, quienes dicen que de lo que no tiene ser no nace nada, pues a ellos les produce intereses lo que todavía no tiene ser ni existencia.

Consideran una deshonra la recaudación de impuestos, y eso que es legal; pero ellos prestan dinero cobrando tasas ilegales; y es más, a decir verdad, lo hacen estafando en el préstamo, pues quien recibe una cantidad menor que la con-signada en el contrato, es víctima de una estafa. El caso es que los persas consideran que mentir es una falta menor que contraer deudas, que es la más grave de todas ; pues ocurre D con frecuencia que los deudores también mienten. Pero mienten más los usureros y cometen fraude cuando consignan en sus libros de cuentas que dan tanto a fulano pero le dan menos; y el motivo de la mentira es la codicia, no la necesidad ni la pobreza sino una avaricia «de cuya satisfacción ellos no sacan disfrute»  ni utilidad pero es ruinosa para sus víctimas. Pues ni cultivan los campos que arrebatan a sus deudores ni habitan sus casas cuando los expulsan de ellas ni utilizan sus mesas ni su ropa, sino que arruinan a uno en primer lugar, y le dan caza a un segundo que es E atraído por el cebo de aquél . Su barbarie, en efecto, se propaga como el fuego, creciendo con la perdición y la ruina de los que caen en su poder y devorando a uno después de otro. El usurero que lo atiza y alimenta en perjuicio de mucha gente no gana nada más que el poder leer, al cabo de un tiempo, la relación de todos los que ha puesto en venta, de todos los que ha desalojado de su casa, y de dónde le ha llegado rodando y acumulándose ese dinero.

6.         Y no penséis que digo eso porque tengo la guerra declarada a los usureros, pues no se llevaron nunca mis vacas ni mis caballos; lo hago porque trato de mostrar a los propensos a pedir préstamos cuánto oprobio y pérdida de libertad comporta su actuación, y que pedir préstamos es un acto de extrema in-sensatez y molicie. ¿Tienes? No pidas prestado, pues no estás en la indigencia. ¿No tienes? No pidas prestado, pues no podrás devolverlo. Consideremos ambos supuestos por separado.

Catón le dijo a un anciano que tenía un comportamiento malvado: «Pero hombre, ¿por qué añades, a tantos males como conlleva la vejez, el oprobio de la maldad?» . Así que tú tampoco acumules, al montón de males que tiene la pobreza, las dificultades que entrañan los préstamos y las deudas, ni prives a la pobreza de lo único en lo que aventaja a la riqueza, que es la falta de preocupaciones; porque harás un ridículo como el del refrán:

No puedo llevar la cabra, echadme el buey a cuestas.

No puedes sobrellevar la pobreza y te echas encima la carga de un usurero, que es insoportable incluso para un rico. «¿Entonces cómo voy a vivir?» . ¿Haces esa pregunta cuan¬do dispones de manos, pies y voz y eres un hombre capaz de amar y de ser amado, de hacer favores y de agradecerlos?
Pues ejerciendo de maestro de escuela o preceptor, portero, navegante, marino de cabotaje; nada de eso es más vergon­zoso ni más desagradable que oír decir: «págame».

7.            El célebre Rutilio se acercó una vez en Roma a Musonio y le dijo: «Musonio, Zeus Salvador, al que tú preten­des imitar y emular, no pide préstamos». Y Musonio replicó con una sonrisa: «Ni es prestamista». Pues aunque el propio Rutilio era prestamista, le estaba reprochando a él que pidie­ra préstamos. Éste es un caso de la insensata vanidad de los estoicos; pues ¿qué necesidad tienes de perturbar a Zeus Salvador cuando puedes mencionar de inmediato ejemplos que saltan a la vista? No toman prestado las golondrinas, no toman prestado las hormigas, y eso que la naturaleza no les c dio manos, ni palabra ni habilidad. Pero los hombres, con la superioridad de su inteligencia, gracias a su ingenio, man­tienen caballos, perros, perdices, cornejas. Así que tú, ¿por qué juzgas que eres más receloso que una corneja, más in­capaz de hablar que una perdiz y más innoble que un perro, y que no puedes obtener ayuda de ningún hombre a cambio de prodigarle cuidados, entretenerlo, protegerlo, luchar por él? ¿No ves las numerosas oportunidades que ofrece la tierra y las que ofrece el mar?

También vi a Mtcilo
dice Crates,
cardando la lana, y que su mujer cardaba con él e intentaban escapar del hambre en un terrible combate.

Cuando el rey Antígono vio a Cleantes al cabo de cierto tiempo en Atenas, le preguntó: «¿Todavía mueles trigo, Cleantes?» A lo que respondió: «Sí, majestad; lo hago con d objeto de no abandonar a Zenón ni a la filosofía». ¡Qué grandeza de ánimo la suya: después del molino y la artesa, con la mano de cocer el pan y moler, escribía sobre los dio­ses, las estrellas y el sol! Pero a nosotros esos trabajos nos parecen propios de esclavos. Por eso pedimos préstamos con la finalidad de ser libres y lisonjeamos a esclavos do­mésticos, les damos escolta, los agasajamos, les hacemos regalos y les pagamos tributo; no a causa de nuestra pobreza (pues nadie le presta a un pobre), sino de nuestro derro­che. Pues si nos contentáramos con lo necesario para la vida, no existiría la especie de los usureros, como no existe la de los centauros ni la de las gorgonas. Pero el lujo ha en­gendrado a los usureros, igual que a los orfebres, plateros, e perfumistas y tintureros. En efecto, no nos endeudamos para pagar el pan o el vino, sino tierras, esclavos, mulos, triclinios, mesas, o por dispendios en espectáculos para las ciudades porque rivalizamos en liberalidades infructuosas y no reconocidas.

El que es atrapado una vez, continúa siendo deudor toda la vida, cambiando de un jinete a otro como caballo embridado. No hay escapatoria a aquellos pastos y prados de an­tes; andan errantes como aquellos genios de Empédocles expulsados por los dioses y caídos del cielo:

El poder del éter los empuja al mar, el mar los escupe al suelo de la tierra,
y la tierra a los rayos del sol infatigable, y éste los lanza a del éter; uno los recibe del otro,          [los torbellinos

un usurero o un negociante de Corinto, luego uno de Patras, luego otro de Atenas, hasta que machacados por los gol­pes de todos, se desintegran y desmenuzan.

El que se ha caído en el barro debe levantarse de inme­diato o quedarse quieto; pero el que se agita y se revuelca, con el cuerpo mojado y empapado, se enfanga todavía más. De la misma manera, los que en las transferencias y cam­bios de préstamos aceptan más intereses añadiéndolos a los anteriores, asumen una carga cada vez más penosa y en nada se diferencian de los que padecen un cólico y rechazan el tratamiento y, aunque vomitan aquello que se les atraganta, luego no dejan de acumular cada vez más. En efecto, esas personas no desean purgarse, y en todas las estaciones del año, mientras escupen el interés entre dolores y convulsio­nes al tiempo que otro distinto afluye de inmediato y se les atraganta, continuamente sienten náuseas y dolores de cabe­za, cuando lo que tendrían que hacer es poner fin a las deu­das para limpiarse y liberarse.

8.            Mis palabras se están dirigiendo ya a los que gozan de más recursos y de una vida muelle, a los que dicen: « ¿Que me quede sin esclavos, sin hogar, sin casa?» Como si un enfermo que está abotargado por la hidropesía le dijera al médico: « ¿Que adelgace y me quede vacío?» ¿Y por qué no, si es para que recuperes la salud? Así mismo, tú quédate sin esclavos para no ser esclavo; y sin propiedades, para que no seas propiedad de otro. Y escucha la fábula de los bui­tres: estaba uno vomitando y decía que estaba echando las entrañas, y otro que se hallaba a su lado le dijo: « ¿Y qué tiene de malo? Pues no estás echando tus entrañas, sino las del cadáver que despedazamos hace poco». De la misma manera, lo que cada deudor vende no es su finca y su propia casa, sino la de su acreedor, al que ha hecho legalmente d propietario de ello. «Sí, por Zeus —dice—, pero mi padre me legó este campo». Sí, y además te dio la libertad y los derechos cívicos, cosas que tienes que apreciar más. El que te engendró hizo también tu pie y tu mano, pero si se gangrenan, pagas por su amputación.

Calipso le puso a Odiseo sus vestiduras, lo vistió con ropas perfumadas que emanaban la fragancia de su cuerpo inmortal y eran do­nes y recuerdos de su amor. Pero cuando, tras naufragar y hundirse bajo las olas, consiguió emerger a duras penas de­bido al peso de la ropa empapada, se la quitó y se deshizo de ella; y tras ceñirse el pecho desnudo con un velo, nadó a lo largo de la costa mirando hacia tierra y, cuando estuvo a salvo, no le faltó vestido ni alimento. ¿Entonces, qué? ¿No estalla una tempestad sobre los deudo­res cuando, al cabo de un tiempo, se presenta el acreedor di­ciendo: «págame»?

Después de hablar así, amontonó las nubes y agitó el mar; se abatieron juntos Euro, Noto y el Céfiro de soplo violen­to

tras acumularse intereses sobre intereses. Pero él, sumergi­do, se agarra al peso que lo lastra sin poder alejarse nadando ni escapar; por el contrario, se precipita hacia el fondo y de­saparece junto con los amigos que lo han avalado.

Crates de Tebas, que no recibió ningún apremio ni tenía deudas, pero detestaba la sola administración de los bienes, sus preocupaciones y complicaciones, renunció a una fortu­na de ocho talentos, cogió su capote viejo y una alforja y se refugió en la filosofía con ayuda de la pobreza. En cuanto a Anaxagoras, dejó baldía su tierra para pasto de las ovejas. ¿Y qué necesidad hay de hablar de ésos? Filóxeno el poeta lírico, tras obtener en una colonia de Sicilia un lote de tie­rras con abundantes recursos para vivir y mantener la casa, al ver que allí imperaba el lujo, la molicie y la incultura, di­jo: «No, por los dioses, estos bienes no harán que yo me pierda, sino que yo los perderé a ellos», y dejó su lote a otros y se marchó de la isla.

En cambio, los que tienen deudas soportan los apremios y los tributos que les imponen, que los esclavicen y los arruinen, y se resignan, como Fineo, a nutrir Harpías aladas que se llevan su alimento y lo desgarran, pues compran el trigo no en su estación, sino antes de la cosecha, y el aceite antes de que haya caído la aceituna. «Tengo el vino por tanto», dice el prestamista y entrega el vale del precio, pero el racimo todavía cuelga y está firmemente unido a la vid, esperando a Arturo.


PLUTARCO
OBRAS MORALES Y DE COSTUMBRES (MORALIA) 
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jueves, 12 de febrero de 2015

Los Amos Del Mundo: Terrorismo Financiero



Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero

Sinopsis

La concentración de poder económico ha dado a la banca internacional y a las grandes corporaciones la posibilidad de controlar los mecanismos de la economía en beneficio propio, convirtiéndola en un casino especulativo en donde desarrollan instrumentos financieros muy sofisticados con los que practican la violencia «de guante blanco», un auténtico terrorismo financiero que doblega a los gobiernos y a las democracias cuando los políticos olvidan sus responsabilidades y dejan desprotegida a la población frente a los especuladores que se adueñan de los mercados.


El resultado de una economía en manos de la oligarquía financiera es el alto endeudamiento, un empleo bajo mínimos y un debilitamiento del Estado del bienestar y de la calidad de vida de las personas, con el aumento de la pobreza y la desigualdad, y un mundo en donde disminuye la representatividad de las instituciones democráticas y la voz de la ciudadanía pierde fuerza.




INDICE

1. PRESENTACIÓN

2. ¿QUIÉN MANDA AQUÍ?

El desmantelamiento de las democracias. No solo hay poder donde aparenta. Capitalismo neoliberal y democracia. Los conglomerados empresariales Concentración de capital y poder de mercado. El chantaje de la deslocalización. La fabricación del consenso. Los grandes grupos financieros: el poder sobre el poder. El poder financiero. La percepción del poder. Lo que la gente intuye, con razón, sobre el poder. La percepción del poder. Descubrir el verdadero rostro de los poderosos. La ignorancia cultivada sobre la banca. Abrir los ojos

3. EL PODER DEL DINERO Y DE LA BANCA

El origen de las monedas, del dinero y de la banca. Los primeros comerciantes-prestamistas. Los grandes banqueros y los primeros bancos centrales. Las diferentes formas del dinero. El dinero legal. El dinero bancario. Otras formas de dinero. La riqueza virtual. La naturaleza del negocio bancario. Dinero y poder político. El negocio bancario. Los tipos de interés. La deuda como negocio y como esclavitud impuesta por la banca. La fabricación de la deuda

4. LA CONSTRUCCIÓN DEL CASINO FINANCIERO

El crecimiento desmesurado de los medios de pago. El endeudamiento generalizado en el capitalismo consumista. El endeudamiento de Estados Unidos. El aumento de los dólares “ociosos” y de la liquidez internacional. El desarrollo tecnológico. Liberalización y privatización del ahorro. El desbordamiento de la liquidez en los mercados financieros. Nuevas políticas económicas y reformas al servicio de las finanzas privadas. El “consenso de Washington”. La prioridad de la lucha contra la inflación. Las reformas del sistema financiero. La derogación de la ley Glass-Steagall. Libertad de movimientos de capital. La progresiva privatización de las pensiones públicas. La independencia de los bancos centrales. Las nuevas formas de la actividad financiera. La desnaturalización de la banca. Los nuevos sujetos e inversores financieros. Los nuevos productos financieros. La globalización del dinero. La desigualdad y los conflictos entre clases como trasfondo

5. ASÍ HACEN JUEGO

La especulación, su naturaleza y sus formas. La especulación no es siempre indeseable. Los mercados de futuros. El arbitraje. El carry trade. Las posiciones a corto. ¿De dónde vienen los recursos y cómo se utilizan? El apalancamiento generalizado. La titulización. Los productos derivados. Juegos de manos a la sombra. La privatización de las bolsas. Las operaciones Over the Counter. Banca y finanzas opacas. Paraísos fiscales: la tierra prometida de los especuladores.

6. TERRORISMO FINANCIERO

Los estragos de la especulación en la actividad productiva. La producción de la escasez. La dominación financiera de las empresas. Desintermediación financiera e inestabilidad permanente. El dinero que mata. La especulación en los mercados de materias primas. La especulación con el petróleo y el cambio climático. Enfermedad y muertes tras las políticas de ajuste. Los poderes representativos contra las cuerdas: el caso europeo. Finanzas criminales. Los delitos de cuello blanco en la globalización financiera. La banca, receptora y lavadora del dinero criminal. La crisis de la hipotecas basura como paradigma Los dedos que mueven el gatillo: El caso de Goldman Sachs.

7. HAY SOLUCIÓN



Ficha técnica
Fecha de publicación: 25/09/2012
216 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-670-0847-0
ISBN2: 978-84-670-0847-0
Código: 10009494
Formato: 15 x 23 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: FUERA DE COLECCIÓN Y ONE SHOT


Salazar Bondy - El fabricante de deudas




(Acto 1) Montaje del registro sonoro y gráfico de la representación de "El fabricante de deudas", de Sebastián Salazar Bondy, realizada por Histrión Teatro de Arte en el teatro La Cabaña, el 27 de setiembre de 1962 .

Elaborado para la exposición "Sebastián Salazar Bondy. El señor gallinazo vuelve a Lima", de la Casa de la Literatura Peruana (noviembre 2014 - mayo 2015). Fuente de las fotos y el audio: Archivo Irma Lostaunau.

El tema tratado son los eventos de índole económicos en que se ven envueltos los personajes del fabuloso mundo de las finanzas. Su estilo es satírico y de crítica mordaz, en el sentido que muchas veces estos negocios se realizan, en un nivel de intercambios de palabras, pues carecen de un sustento material ya que no hay créditos ni capitales y detrás de éstos sólo existe una posición social que los hace funcionar. 

Según el autor los hombres de negocios son asalariados que sabiendo motivar a los que verdaderamente tiene el dinero lo ponen a su disposición Obedot es un personaje de este corte y aunque exhibe muchos defectos también lo acompañan virtudes entre la que se menciona la forma elegante en que inmoviliza a sus acreedores.

Obedot diariamente incrementa las deudas no los intereses, pues cree firmemente que es una forma de fabricar dinero. Según él “el día en que fue inventada la moneda no se hizo otra cosa que emprender la más grande y universal estafa” y así él es un miembro más de los innumerables que se encargan de poner en práctica esta verdad. 

El estudiante Castro le amarga su intensa vida, al enamorarse de Pitusa, su hija, el único bien que no está enajenado a segundos. Castro para definir claramente la situación reúne a todos los acreedor es y falsos ricos denunciando la verdadera naturaleza del prototipo del ejecutivo moderno y en este aparte vemos de paso el estilo sarcástico de la obra: 

“Esta casa está construida sobre cimientos de pagarés y con paredes de vencimientos, con techos de pignoración, con muebles de protestos, con luz de desalojos, y en ella se comen sopas de finanzas, guisos hipotecarios y postres a plazos, quizá mañana, tal vez ahora mismo, se llevarán íntegramente los lujos y las ostentaciones que aquí relumbran”. 

Verdad a la que Obedot no le presta mucha atención, pues cundo llegue la ruina recomenzará de nuevo el ciclo de convencimiento de algún magnate o gerente de banco que en virtud del conocimiento detallado de aquel mundo lo refinanciará y de esta forma cancelará sus deudas e incluso ganará más dinero. 

Obedot es pues un retrato fiel del pícaro moderno que se empotra en gigantescas empresas, pareciendo una figura de mucha solidez pero que adolece de sentar sus bases en pisos movedizos, y que repentinamente se desmoronan como gigantescos colosos de barro, ya que el mundo financiero que representa opera sobre palabras y papeles. 

Salazar Bondy, así, da cuenta agudamente de la .farsa de la burguesía criolla.

Créditos de la representación:

El fabricante de deudas. Sátira en dos actos
Una obra de Sebastián Salazar Bondy
Dirección: José Velásquez
Producción: Histrión teatro de arte

Jacinto - Mario Velásquez
David Cash - José Velásquez
Luciano Obedot - Carlos Velásquez
Godofreda - Nilda Muñoz
Santizo - Emilio Montero
Obeso - Luis Cabrera
Pitusa - Dora Rocca
Castro - Ernesto Ráez
Marqués de Rondavieja - César Valer
Torrecillas - J. Centurión y J. Guerrero

Letra y música de canciones - Sebastián Salazar Bondy
Escenografía - Marcelo Damonte
Realización - Virgilio Velásquez
Iluminación - Carlos Velásquez
Vestuario - Helena de Krasl
Jefe de escena - Jorge Rojas
Acompañamiento musical - Alejandro Núñez A.

Créditos del video:
Investigación: Gustavo von Bischoffshausen
Edición: Marco Ramírez Colombier