viernes, 17 de mayo de 2013

La Insolvencia no es Asunto de Perros

Comentarios a la Entrevista a Alfredo Bullard: La ley del perro muerto de Jaime Delgado


Permítaseme un comentario respecto al terreno que se está preparando para el debate de la Ley de Insolvencia Familiar, de Refinanciación, o, incluso, ahora ya conocida como la "Ley del perro muerto". Precisamente esta última denominación, muy digna del joven Buñuel,  es un grave síntoma de que la marcha de esta iniciativa está empantanándose con ideas preconcebidas antes que con argumentos oportunos.


Después del airado debate sostenido en torno a la promulgación de la Ley N° 30021, "Ley de promoción de la alimentación saludable para niños, niñas y adolescentes", mal llamada "Ley de la Comida Chatarra",  gracias al abuso de este último término por parte de sus promotores, ha empezado a inquietar el tema del Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar. Esta vez aplicándoles a los pro consumidores el mismo karma despectivo con el mote de "perromueteros" o "legisladores chatarra".

Ya hemos dejado sentada nuestra posición sobre ambos proyectos. Al menos con el detalle suficiente para atrevernos a desestimar la relevancia de las mismas como solución al problema del sobreendeudamiento, que hemos expuesto en anteriores entradas. La novedad es que la reacción ha descendido al mismo nivel, y queremos comentar una intervención que ejemplifica la misma carencia de conceptos en torno al tema.

Sinceramente siento vergüenza de exponer este debate donde parece que unos han estado ausentes de los cambios en este mundo, y desconocen las lecciones extraídas de la última crisis financiera, frente a otros que plantean soluciones basadas quizás en buenas intenciones, pero sin más sustento que simples suposiciones.

Digo "parece" porque estoy seguro de que no soy el único que nota las deliberadas omisiones en ambos discursos. En este caso, centrándonos puntualmente en la tendenciosa opinión vertida en la entrevista  mencionada, advertimos las siguientes falencias:

1. Se encarecerán los créditos y aumentará la morosidad. 

¿Es posible imaginar tasas de interés más altas que las actuales? ¿Se ha considerado ya el alto nivel de endeudamiento de las familias hoy en día? Sinceramente No.
Los créditos siempre conllevan un riesgo implícito. El riesgo se encarece o abarata de acuerdo al perfil crediticio del consumidor. Quien está en mejor condición de conocer la capacidad financiera de uno es precisamente quien le brinda el servicio de financiamiento. Por eso el tema del costo de los créditos y los indices de morosidad no pueden discutirse al margen de las malas prácticas y los abusos bancarios en el otorgamiento del mismo.

2. Se fomenta el "perro muerto", porque se suspende la exigibilidad de los créditos para permitir una negociación, que finalmente será evaluada por un funcionario público.

Que es lo mismo que sucede con los concursos de empresas. Está crítica no tiene ningún sentido a menos que nos fijemos en las causales mal redactadas que amparan al consumidor insolvente. Este error es fácilmente corregible con una mejor precisión de éstas.

3. Se convierte a los acreedores en seguros.

Una nueva legislación debe hacer responsable no sólo al consumidor, sino también al acreedor de los créditos que otorga. Para eso tomemos en cuenta que las entidades financieras ya cobran altas tasas de interés por el riesgo crediticio al que se exponen. O sea, ya son seguros de sí mismas y eso parece no inmutar a nadie.

4. Se traslada el costo a los deudores solventes y restringe el crédito para quienes quieren acceder a él.

Este es un argumento que merece resaltarse porque es precisamente lo que ya ocurre actualmente y demuestra el grave desconocimiento de la realidad de los créditos. Si no existen barreras notables en el acceso al crédito, es precisamente por los altos intereses que pagamos hoy en día, y que van a cubrir ese porcentaje de créditos no recuperables. 

5. Existe la inembargabilidad de bienes y protecciones que aseguran la subsistencia del deudor

Este punto resume la actitud reaccionaria de los pseudo liberales. No estamos hablando de un deudor en abstracto, sino de un consumidor, de un usuario de servicios financieros de crédito. No se trata de garantizar un mínimo de su patrimonio en el sentido más básico de sus propiedades personales, sino de garantizar su permanencia en la sociedad del consumo y la efectiva subsistencia de su núcleo familiar. 

6. Se fomenta la irresponsabilidad, corrupción y populismo.

Claro que como está plasmado el proyecto no podemos descartar que sea populista, pero sí descartamos que genere corrupción. De ningún lado del proyecto se nos cruza esa posibilidad. Los incentivos de responsabilidad dependen de una mejor precisión de las causales dignas de tutela frente a la eventual insolvencia.

7. Inconstitucionalidad de permitir la modificación de un contrato. 

La constitución sólo dice que permite pactar libremente según las normas vigentes al tiempo del contrato, y dentro de los límites del bien común y el orden público. En ningún lado se convierte a la voluntad en Ley en sí misma. Según Bullard estamos en el Siglo XIX con el contrato como ley entre las partes.
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Ahora que conocemos la opinión que identificará a los detractores de esta iniciativa podemos sacar una importante conclusión. En un hipotético debate, o simplemente en el estado actual de la discusión, ya sabemos quienes llevan las de ganar. Necesariamente van a ser los detractores.

Precisamente porque ambos lados están en la lógica de proteger al crédito y no al consumidor. Y porque al crédito se le protege mejor como siempre se ha hecho, llamando perromuertero al deudor ante el menor signo de flaqueza, apelando al sentimentalismo de la confianza depositada y al sagrado compromiso de la palabra empeñada.

Todas estas son patrañas que un estudio sincero y reflexivo del tema pueden rebatir, pero del que se está prescindiendo. Así, hasta que no iniciemos el debate con la debida seriedad, vamos a estar, como diría el maestro Francisco Umbral, discutiendo "jurispolleces".

A todo esto dejo esta página de Manuel Vazquez, que debe ser la que más se aproxime al imaginario de estos pseudo liberales respecto a los morosos.

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