miércoles, 8 de mayo de 2013

Comentarios al Proyecto de Ley que Faculta el Refinanciamiento de Deudas...

         Luego de presentar el anterior análisis respecto al Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar, hemos tomado conocimiento de otro proyecto propuesto por el congresista Agustín Molina Martinez. Si el anterior nos desmotivó a la mitad del análisis, esté lo hace desde el primer asomo con un titulo bastante repelente para quien haya estudiado el tema. Es el proyecto: "Ley que Faculta el Refinanciamiento de Deudas en Defensa de los Consumidores sobreendeudados por causas ajenas a su Voluntad"


         ¿Faculta los refinanciamientos? El problema con esto es que es muy puntual. Se enfoca en un aspecto importante de la problemática del sobreendeudamiento, pero que no puede ser la ratio de una regulación integral de dicho fenómeno. De por sí todo refinanciamiento debe ser concedido para facilitar el cumplimiento de una deuda, y la negación del mismo puede constituirse como un ejercicio abusivo de acreedor. El titulo de este proyecto implica que pasamos de dicha abusividad a la exigibilidad expresa de favorecer al consumidor con una adecuada refinanciación. Con ese titulo uno esperaría una detallada mención de los criterios pro consumidor para realizar correctamente esta operación.  

       Pero sigamos con el resto del titulo ..."sobreendeudados por causas ajenas a su Voluntad". Definitivamente el que tituló este proyecto no tiene idea de lo que es el sobreendeudamiento en todas sus dimensiones. Como ya hemos mencionado en este Blog, el sobreendeudamiento es la muerte del consumidor, es la perdida de su estatus como tal. El sobreendeudamiento es una situación indeseable porque es dejar de consumir. Es el destierro de la sociedad del consumo, que conlleva a la exclusión social y al descenso a sectores marginados.

      No hay tal cosa como sobreendeudamiento "voluntario" sin más. Sería más propio hablar de sobreendeudamiento de buena fe y de mala fe. La buena fe es la lealtad y el desconocimiento de que mi estado financiero me impide contratar créditos, en tanto que contratamos un servicio profesional que evalua el mismo como favorable para asumir dicha deuda. 

       La mala fe en la contratación de un crédito es el ocultamiento de mi estado financiero o de las circunstancias presentes que me impedirían solventar la deuda contraída. O sea, PRIMERO ya era insolvente y continúo empeorando mi situación. 

       El sobreendeudamiento, propiamente hablando, es algo más que una conducta de un consumidor. Es una realidad que comparten tanto acreedores como deudores y no se puede juzgar la misma sin evaluar también el comportamiento del concedente del crédito. En otras palabras, el sobreendeudamiento puede ser tan voluntario para el deudor como para el acreedor. 

        Cuesta imaginar a un consumidor que se crea capaz de evadir a sus acreedores en la sociedad del consumo, pero aún en el caso patológico de quien se endeuda a ciegas con créditos debe existir un marco de ORDEN PUBLICO a respetarse en el mercado. Antes de conceder un crédito uno debe conocer la capacidad financiera del consumidor. Con lo de "causas ajenas a su voluntad", se está legitimando el abuso en tanto sea "voluntario". ¿Qué tan ajeno a la voluntad es un divorcio o separación? ¿y si provoco el despido? La cosa suena a que sólo la fatalidad abre oportunidades a los insolventes, y se abandona a los "irresponsables" a ser acechados por sus acreedores sin limite alguno. Con supuestos así se pueden esperar conductas fraudulentas como moneda corriente.

           Me gusta lo de "derecho de subsistencia del nucleo familiar" y la mayor amplitud, respecto al anterior proyecto, de comprender los créditos otorgados no sólo por entidades financieras, sino también las simplemente comerciales 

      En los principios debería aparecer expresamente el limite a los derechos patrimoniales de los acreedores. Aunque señala el de "Prevalencia de Derechos Fundamentales", y si bien el Mínimo existencial está implícito en el Principio de Dignidad de las personas, este límite indisponible al ejercicio de tales derechos tiene un carácter fundamental para toda la regulación.

         Siguen artículos innecesarios que repiten las obligaciones de las Entidades Financieras.  Ya hicimos presente nuestras objeciones a que sea Indecopi la entidad competente para este tema. Se repite el error de las "causales" anteriormente criticadas en el otro proyecto. Así reiterado suena tedioso insistir en lo alienante que es la sociedad del consumo para que ante una situación grave lo primero en que vayamos a preocuparnos sea en el estatus de consumidor de una persona. 

        En fin, todo lo que vemos en este proyecto, al igual que el anterior, es un remedio a "situaciones excepcionales" o "causas ajenas a la voluntad del deudor". La paradoja es que para este propósito está de más hablar de responsabilidad en el crédito o de cualquier prevención que no sea el mecanismo de seguros. Pero como hemos expresado en anteriores entradas, lo que se ve como accidental (sobreendeudamiento), y digno de tutela en casos extremos, es realmente una certeza dentro del panorama actual de las concesiones de crédito. Por eso está de más pensar en los seguros, que cubren riesgos.

Ambos proyectos pasan por alto la revisión integral que amerita la regulación de los créditos de consumo. Si no conocen bien el origen del problema, no pueden plantear el remedio. 


La regulación del sobreendeudamiento no encaja en un esquema donde no se sanciona el otorgamiento abusivo del crédito y las refinanciaciones predatorias. Lo que no se dice es la innegable realidad de que tenemos un sistema de créditos en crisis, esto es, con un modelo de negocios insostenible. Enfoquémonos en las causas reales del sobreendeudamiento y no sólo en las "excepcionales".  

       Nuestros legisladores ven al crédito sólo como una "FACILIDAD" exclusiva para el consumidor, y le dan por eso soluciones de "Facilidades" de pago, que en este caso son más flexibles porque son contingencias graves. Así se continua con una visión unilateral del crédito que carga sobre las espaldas del consumidor el peso de un mercado del que le siguen diciendo que es soberano.


Siguiente artículo:

Una Ley de Insolvencia más trascendente que el Código de Consumo (Próximamente).



No hay comentarios:

Publicar un comentario