jueves, 30 de mayo de 2013

[España] Economía de guerra en los hogares

Uno de cada cuatro españoles reduce el gasto en médico y dentista y el 41% ahorra en comida

Del filete, al pollo; de las cenas fuera, a las reuniones en casa: ahorrar es el verbo que más se conjuga. Los hábitos de consumo de los españoles han cambiado con una crisis sin final a la vista y con 5,2 millones de personas sin empleo. En muchos hogares se dibuja un panorama lindante con la economía de guerra, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del pasado diciembre. Más de seis de cada 10 ciudadanos dicen haber cambiado de costumbres para reducir el gasto en ropa, en la factura de la luz, el agua o el gas y, por supuesto, en ocio o vacaciones. Ni siquiera la salud se libra del recorte del presupuesto, dentistas incluidos: casi uno de cada cuatro ciudadanos (23,9%) ha aplazado algún tratamiento médico o dental por la crisis, dice el CIS.


Los dentistas lo corroboran. Dado que para los tratamientos médicos existe el paraguas de la sanidad pública -prácticamente universal-, el peso de este apretón del bolsillo apunta más a los odontólogos. "La facturación ha caído entre el 20% y el 25% fácilmente", asegura el presidente del Consejo General de Dentistas, Alfonso Villa Vigil. "La gente sigue tratándose las caries y la piorrea, aunque quizá con más retraso. Sería terrible que dejaran de hacerlo, porque estos tratamientos inciden en la salud bucodental", dice el presidente de los dentistas. "Han caído las revisiones y las limpiezas, que son preventivas. Es indiscutible que la gente pospone tratamientos más opcionales, menos urgentes y de mayor coste, como los implantes, que se hacen con menos alegría, las prótesis y las ortodoncias".

La gente se trata las caries con más retraso y pospone los implantes

¿Qué importa una dentadura desigual con la que está cayendo? Ahora los ciudadanos se acuerdan del dentista "como de santa Bárbara", según Villa. Van cuando duele: el bolsillo es lo primero. La caída de clientela de las consultas de odontología, iniciada en 2008, se ha recrudecido desde 2010. "Hay paro en nuestra profesión y arrecia el intrusismo", diagnostica el presidente de los odontólogos.

Los dentistas echan las muelas con la crisis, pero no son los únicos que sufren su mordisco. A fin de cuentas, en salud es donde menos han cambiado de costumbre los españoles para ahorrar. Entre los aspectos que pregunta el CIS, se llevan la palma cuestiones como las facturas de la casa (electricidad, gas, agua, detalla la pregunta). Siete de cada 10 ciudadanos (69,8%) han modificado sus hábitos para rebajar estos gastos fijos. El "¡apaga la luz cuando salgas del cuarto!" resuena como un eco frecuente.

Pero es difícil medir si el deseo cuaja con la realidad. Ni la patronal del sector, Unesa, ni Red Eléctrica de España -REE, la empresa pública que gestiona el transporte- aportan datos pormenorizados sobre la evolución del consumo medio de los hogares. La última solo dispone de los globales de consumo -suma los de la industria, los servicios y los hogares, un tercio cada uno, aproximadamente-. Esas cifras son poco halagüeñas: la demanda cayó el año pasado un 1,2% y aunque el anterior había crecido un 2,9%, ese alza está lejos de enjugar el brusco descenso de 2009, del 4,9%. El presente año pinta mal: la demanda ha bajado un 2,5% en enero frente al mismo mes de 2011. Con todo, los expertos tienen dudas sobre el éxito de los deseos de ahorro doméstico: "Es una demanda poco flexible. Nadie desenchufa la nevera para ahorrar", dicen en REE. Otro tanto ocurre con el gas. Más que la crisis influyen las temperaturas: a más frío, más consumo, aseguran en Gas Natural Fenosa. Es lo que ocurrió en 2010. A falta de datos cerrados, los de 2011 apuntan un consumo menor, que en la compañía imputan al invierno benigno.

Siete de cada diez intentan ahorrar en la factura del gas, la luz y el agua

Ojo avizor con las facturas de casa, pero también con la bolsa de la compra: el 41,2% de los ciudadanos ha cambiado de pautas para ahorrar en alimentación, según el CIS. Y lo consiguen, a tenor de los datos del Ministerio de Agricultura. Entre diciembre de 2010 y noviembre de 2011, el gasto en alimentación en los hogares cayó un 0,6% frente a los 12 meses anteriores, mientras que el consumo de alimentos -en kilos- descendió en un 1,6%. Con el ahorro por bandera, los españoles se inclinan más que antes hacia los productos congelados y la carne mas barata, el pollo, gana terreno a la de vaca. Según Agricultura, los hogares consumieron el año pasado menos carne, pescado y mariscos frescos y subieron las conservas. También la fruta perdió terreno. Las marcas de distribución, o blancas, suben como la espuma. "Ya suponen el 35% del consumo, el mayor porcentaje de Europa", afirma el director general de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), Horacio González.

"Una de las ventajas de nuestro sector es que hay que seguir comiendo", se ufana este responsable. Más que bebiendo: la venta de bebidas ha caído en mayor medida que la de alimentos. El año pasado solo aumentó el consumo de cerveza y refrescos. El de bebidas espirituosas en el hogar cayó un 13,6%. Y el "como en casa, en ningún sitio" se impone: las ventas de los fabricantes de alimentos y bebidas con destino a la hostelería cayeron un 3,1% en 2010, mientras que las destinadas a hogares lo hicieron en un 1,1%, según FIAB. El sector respira gracias al aumento de las exportaciones.

El cambio de hábitos está claro para los vendedores. "Se mira mucho más que antes el precio. Ahora pondera más que la calidad", explican en ANGED, la patronal de las grandes superficies comerciales. La compra reflexiva ha sustituido a la de impulso. Prima lo esencial y cae lo superfluo, pero también queda resquicio para algún lujo. "Las comidas en el restaurante se sustituyen por las que se hacen en casa, a veces con algún producto gourmet", detallan. Una manera de gastar menos, pero con un consuelo gastronómico por quedarse sin salir. Las ventas de jamón ibérico a los particulares se mantienen estables: 21.063 kilos al año.

La primacía del gasto en lo imprescindible pasa cierta factura a la ropa y el calzado (en ello ahorra el 64,2%), pero se ceba sobre todo con bares y restaurantes. "La gente ha dejado de salir a cenar entre semana", afirma el secretario general de Federación Española de Hostelería, Emilio Gallego. El turismo palia la crisis en zonas concretas, pero a nivel general los restaurantes han perdido el 16% de su facturación entre 2008 y el pasado noviembre. En los hoteles el descenso ha sido del 1,5%. La patronal culpa en parte de la bajada, aún más fuerte en los dos últimos meses, a la norma que prohíbe tajantemente el tabaco en lugares públicos. Se han acabado los clientes de café más cigarrillo, aunque los veladores callejeros tratan de evitar la fuga. Y el menú del día pierde adeptos en favor de la tartera.

Si los restauradores y hoteleros se quejan, los empresarios de discotecas lloran amargamente. "Desde 2008, la gente ha reducido el presupuesto en ocio. Viene menos gente, abrimos menos días y el público se piensa mucho más el tomar una segunda copa", describe Juan Martínez-Tercero, presidente de la Federación de Empresarios de Salas de Fiesta, Baile y Discotecas. Asegura que "uno de cada cuatro establecimientos ha cerrado desde 2009". La facturación ha caído el 22% desde 2008. Según el CIS, el 69,9% de los ciudadanos han modificado sus hábitos de ocio para ahorrar.

Los españoles miran más el bolsillo a la hora de gastar en diversión que al hacerlo en vacaciones (66,1%). Y tiran menos de coche. Cuatro de cada 10 (el 43,1%) de los encuestados han cambiado de hábito para economizar en transporte. Los datos de la Dirección General de Tráfico cantan: los movimientos de largo recorrido -incluido el tránsito de mercancías- han caído por debajo del nivel de hace seis años: 382 millones en 2011 frente a los 395 de 2005. En 2007, en el clímax de la bonanza, alcanzaron los 415 millones. Ahora son un 8,1% menos que entonces. La hora punta suele ser menos intensa.

El freno al uso del coche -las ventas han caído al nivel de 1993 y el combustible está por las nubes- se notan, por ejemplo, en los aparcamientos públicos. "El número de desplazamientos en vehículos privados ha disminuido en todas las grandes ciudades. Esto tiene un efecto positivo sobre el tráfico, pero supone una merma en la ocupación media de los aparcamientos públicos", asegura por correo electrónico Jaime López de Aguilar, presidente de la patronal Asesga. Y la facturación se resiente.

La casa le gana la partida al bar, el pollo al filete y el precio a la calidad. La crisis da la vuelta a las pautas de los españoles. Aunque las penas con jamón ibérico sean menos... para quien se lo pueda permitir.

lunes, 27 de mayo de 2013

Regular los bancos al estilo austriaco

David Howden
La mayoría de la gente (de los jóvenes a los viejos y en todos los extremos del espectro político) está unida por un nexo común. La idea de que los bancos merezcan el apoyo del contribuyente se considera por ellos como moralmente repugnante. Los dueños de empresas ven los rescates bancarios como una ventaja injusta que no se extiende a todos los negocios. Los que están normalmente en la izquierda política lo ven como un apoyo al orden establecido y un sopapo en la cara de la gente humilde. Quienes se ubican más bien en la derecha política lo ven como otra forma de bienestar: una redistribución de riqueza del segmento que trabaja duro de la población a la imprudente clase apostadora de los banqueros.

A pesar de este desdén común por los banqueros, hay un considerable desacuerdo sobre cómo ocuparse de ellos. Un grupo ve a la menor regulación como la solución: dejar que funcionen las fuerzas del mercado hará que prevalezcan las virtudes de la prudencia y la laboriosidad. Esta formulación ve a estas mismas fuerzas del mercado como limitadoras naturales del tamaño de la empresa para evitar el tema del “demasiado grande para caer”, mediante muchos de los mismo incentivos que fomentan el avance económico competitivo.

Otro grupo ve la solución en más regulación. La tendencia natural en los negocios, según este grupo, es que se formen grandes monopolios. Al aumentar de tamaño las compañías, ganan influencia política, así como un aura de indispensabilidad. La consecuencia es que no solo una empresa se llegará a ver como demasiado grande como para caer, sino que será asimismo suficientemente influyente políticamente como para acudir a ese recurso si aparecen problemas.

Como en la mayoría de las respuestas, la verdad se encuentra en algún lugar intermedio.

El primer grupo señala correctamente que hay dos defectos concretos en la creciente regulación. Por un lado, las políticas regulatorias de “talla única” (como es habitual a nivel federal) raramente son capaces de manjar las complicaciones y dinámicas de los negocios. También tienen el efecto de relajar la atención que dedican individuos y empresas a su propio comportamiento. Bajo la pretensión de que el estado ha aprobado regulaciones sabias, los individuos ven poca necesidad de controlar activamente a las empresas para asegurarse de que se comportan de forma responsable. También los negocios sucumben a esta mentalidad. Cumpliendo el régimen regulatorio existente, se consuelan sabiendo que cualquier ataque a su integridad puede esquivarse alegando que el ataque corresponde más propiamente a los fallos en el cuerpo regulador.

Por otro lado, la creciente regulación alimenta el problema de lo que los economistas llaman “riesgo moral”. Una actividad es arriesgada moralmente cuando una parte puede cosechar los beneficios de una acción sin incurrir en los costes. El sector financiero se ve claramente afectado hoy por el riesgo moral.

Los bancos y otras empresas financieras han cumplido en buna parte la ley. Me aventuraría a decir que no hay sector más regulado que el de los servicios financieros y que no hay sector que dedique más tiempo y recursos a asegurarse de que cumple con este complejo laberinto regulatorio. Deben mantenerse los niveles de capital, los informes deben ser puntuales y transparentes y ciertos tipos de activos deben comprarse o no. Los bancos que sigan estas regulaciones se entiende que sobrevivirán, si no florecen, siempre que funcionen dentro de los confines de las leyes.

Sin embargo es cada vez más evidente que las regulaciones financieras puestas en marcha en las últimas décadas son desgraciadamente inapropiadas para mantener una sector financiero sano. A pesar de (o quizá debido a) todas estas regulaciones, hay muchísimas empresas que son, diríamos, menos que solventes. ¿A quién hay que echar la culpa entonces? Sería sencillo echar la culpa a las propias empresas, salvo porque hicieron todo lo que los reguladores les dijeron que hicieran.

¿Por qué no considerar al menos relajar las regulaciones? Hacerlo tendría una doble ventaja.

Por un lado, las empresas serían evidentemente más responsables de la inestabilidad que han creado ahora. Por otro, sin regulaciones más empresas imprudentes o torpemente dirigidas habrían ido ya a la quiebra, al faltarles un “padre” regulador que les regañara por sus errores. El resultado sería menos empresas inestables y más atención a los peligros de las acciones propias.

Mencionaba antes que ambas partes tienen razón hasta cierto punto, lo que implica que los que piden más regulación tienen cierto valor en sus argumentos. Y esto es cierto. Sin embargo, parafraseando a Íñigo Montoya, cuando usan la palabra “regulación” no creo que signifique lo que ellos creen que significa.

Es verdad que no todas las empresas juegan con el campo nivelado. En el sector de los servicios financieros, y particularmente en el sector bancario, esto es especialmente evidente. A los bancos se les concede un privilegio especial de “reservas fraccionarias”. La consecuencia es que los bancos se comportan de una manera que es fundamentalmente distinta de cualquier otro tipo de negocio y que fácil de diagnosticar como “regulación inadecuada”.

Un depositante pone dinero en su banco. El resultado es un depósito y el depositante tiene un derecho a esta suma de dinero en cualquier momento. Uno pensaría que el banco estaría obligado a mantener a mano el dinero, de la misma manera que todos los demás bienes depositados (como el grano en un silo) debe mantenerse a mano. La ley empieza a diferir. Los bancos están obligados a mantener solo una porción o fracción de ese depósito en sus arcas y son libres de usar la suma restante como quieran. Canadá y Estados Unidos son ejemplos de países en los que no hay requisito legal para un banco de mantener ningún porcentaje de esos depósitos originales en sus arcas. En Estados Unidos, si un banco tiene cuentas netas de transacción (depósitos y cuentas pendientes) de menos de 12,4 millones de dólares, el porcentaje de reserva también se fija en cero. Esto difiere de los silos en los que la ley indica estrictamente que el dueño de dicho silo debe mantener el 100% del grano depositado allí.

Hay dos consecuencias de la práctica de la banca de reserva fraccionaria, ninguna de las cuales es positiva para el ciudadano medio.

Primera, los bancos se hacen más grandes porque tienen acceso a una fuente de financiación que de otra manera no estaría disponible si se rigieran por las mismas leyes que los demás negocios. Cuando los comentaristas dicen “los bancos son diferentes”, hay algo de verdad en esta declaración. Tienen un privilegio legal que el permite crecer en ámbito más allá de lo que podrían de forma natural. Esto explica también por qué muchos bancos y empresas de servicios financieros llegan a verse como demasiado grandes como para caer.

Segunda, los bancos se hacen más arriesgados. Cada vez que un depósito no está respaldado al 100%, el depositante está expuesto a la posibilidad de que no se le devuelva completo. Si un banco usa un depósito para financiar una hipoteca y el prestatario quiebra y no puede devolverla al banco, hay un riesgo de que el depositante original pierda parte de su dinero. Un caso más común es una corrida bancaria, en la que muchos depositantes tratan de sacar dinero al mismo tiempo. La consecuencia serían fondos insuficientes para atender simultáneamente todas las demandas de reembolso. Esto pasó en diversos bancos en Islandia, Irlanda, Gran Bretaña y Chipre en los últimos cuatro años.

Sin embargo a poca gente le preocupa este último problema debido al primero. Como los bancos se han convertido en demasiado grandes como para caer, se nos asegura que si uno va a l quiebra, como depositantes no vamos perder personalmente. El gobierno se ha comprometido implícita o incluso explícitamente mediante garantías de depósito, a acudir y rescatar a los actores irresponsables.

El resultado es el confuso estado de cosas que tenemos hoy con ambos bandos argumentando sobre lo mismo (la estabilidad bancaria) mediante dos medios diametralmente opuestos. El bando de “más regulación” se enfrenta al banco de “menos regulación”.

Una solución
Estos dos bandos no son mutuamente exclusivos. Podemos resolver los problemas del riesgo moral y “demasiado grande para caer” de un solo golpe acabando con la banca de reserva fraccionaria.

Acabando con este privilegio legal, eliminamos la capacidad de los bancos de crecer a esos tamaños tan descomunales. Cumpliendo con los mismos principios legales (o “regulaciones”, si queréis) que cualquier otra empresa que tome depósitos, los bancos no tendrían ventajas injustas. Si los bancos disminuyen en tamaño, se elimina o al menos se reduce mucho la doctrina del “demasiado grande para caer”. Esto significa que depositantes y banqueros sabrán que si se produce una pérdida en su banco, afrontan personalmente una pérdida.

El riesgo de pérdida es una fuerza importante para eliminar el riesgo moral. Recordad que solo aparece cuando la capacidad de ganancia de una persona no se ve limitada por la amenaza de pérdida. Conscientes de las pérdidas pertinentes, los depositantes reclamarán que sus bancos sigan principios operativos más prudentes y los banqueros se verán obligados a atender estas reclamaciones.

Los críticos preocupados por el “demasiado grande para caer” tienen razón. En cierto modo, no necesitamos más “regulaciones”. Necesitamos que los bancos estén regulados por los mismos principios legales respecto del fraude que cualquier otro negocio. Los críticos preocupados por el riesgo moral también tienen razón. Necesitamos menos regulación del otro tipo.

Arreglar un sistema bancario estropeado no tiene que verse obstaculizado por diferencias políticas irreconciliables. Reconocer qué está de verdad en juego (el privilegio legal y la toma de riesgos sin limitaciones) permite a uno aunar a defensores de soluciones ampliamente distintas en un grupo coherente. Hacer que los bancos estén de acuerdo con todo esto es otra historia.

Publicado el 20 de mayo de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

jueves, 23 de mayo de 2013

Una Ley de Insolvencia más Trascendente que el Código de Consumo

    ¿Sería posible imaginar un Código Civil que no regule la propiedad o el contrato? Imposible, ¿verdad? De la propiedad se desprenden todos los demás derechos reales, así como del contrato prácticamente todas las obligaciones. Incluso, querámoslo o no, la técnica con la que se han regulado estas relaciones jurídicas han sido tomadas como referencia para las demás instituciones de nuestro Derecho.

    Pensemos, entonces, en el crédito al consumo, y más específicamente en el servicio brindado por entidades financieras, que es hoy en día la puerta de ingreso de los nuevos consumidores a la sociedad del consumo, y, ya una vez dentro, es el soporte que equilibra nuestro consumo con el acelerado ritmo de producción de los bienes. El crédito es, por tanto, una necesidad en sí misma con un camino ya marcado.

      No se trata de un servicio financiero más como rebajadamente aparece en nuestro código de Consumo, pues así como en los contratos civiles tenemos a la compra-venta como el paradigma de contrato, incluso hasta de acto jurídico, en los contratos de consumo el de crédito es el que nos permite originar y mantener todas las demás relaciones de consumo. Haciendo una analogía podemos decir, entonces, que el crédito es en la sociedad del consumo lo que la sangre en nuestro organismo.

      Este contrato es la expresión más lograda de su realidad,  del momento que nos toca vivir en la sociedad del consumo acelerado. Es un contrato de servicios en una economía de servicios. Es un contrato de larga duración donde la palabra “relación” (jurídica) se torna más fortalecida por el valor de la confianza, que es la base del crédito y que debe mantenerse hasta el cumplimiento del mismo. Es un contrato complejo porque busca realizar intereses trilaterales: consumir a crédito, vender a crédito, y otorgar créditos. Finalmente, hay que admitir también la influencia de una realidad social donde los sectores marginados del desarrollo buscan acceder al mercado, o sea, a los contratos de consumo, tal como anteriormente lo hicieron con la propiedad.

      Lo más trascendente está en que cambia completamente el sentido de la situación "pasiva" del deudor. Decir "endeudamiento activo" suena contradictorio cuando se plantea el tema a quienes aprendieron derecho de paporreta y sin sentido crítico (deudor = pasivo). Pero una visión dinámica del derecho nos permite ver al contrato ya no como un instante fugaz donde se intercambian promesas que luego se extinguen, sino como un ejercicio de poder. Esta deuda no es un “pasivo” en el sentido exclusivo de los números rojos de nuestra contabilidad, sino también un medio que nos permite aumentar nuestra calidad de vida. Nos hacemos consumidores endeudándonos y eso no está mal en tanto que las transacciones a crédito sean reflejo de la confianza en el mercado.

      Es por una realidad como la descrita que se justificaría tener una regulación adecuada de dicho crédito en el Código de Consumo. No obstante, éste se encuentra anclado en una visión donde nada de lo descrito anteriormente se ha tomado en cuenta y menos aún los complejos problemas que plantea. Todo empieza y acaba en ese contrato. Desde el otorgamiento del crédito hasta una eventual refinanciación del mismo.

      Los proyectos de Ley de Insolvencia Familiar presentados son dignos de este Código de Consumo, y ese es precisamente su gran defecto. Necesitamos una Ley que proteja al consumidor con mecanismos de prevención y contingencia frente al sobreendeudamiento, y no sólo limitarnos a regular la transparencia en dicho sector. Precisamos soluciones a la raíz del problema y no medidas paliativas a la insolvencia.

       Sin duda estamos ante una iniciativa trascendente, pero que debe ser contextualizada y correctamente planteada para sacarle el mejor provecho.  Por lo pronto que sirva al menos para hacernos conscientes de la oscuridad que rodea a nuestros legisladores en este campo.







viernes, 17 de mayo de 2013

La Insolvencia no es Asunto de Perros

Comentarios a la Entrevista a Alfredo Bullard: La ley del perro muerto de Jaime Delgado


Permítaseme un comentario respecto al terreno que se está preparando para el debate de la Ley de Insolvencia Familiar, de Refinanciación, o, incluso, ahora ya conocida como la "Ley del perro muerto". Precisamente esta última denominación, muy digna del joven Buñuel,  es un grave síntoma de que la marcha de esta iniciativa está empantanándose con ideas preconcebidas antes que con argumentos oportunos.


Después del airado debate sostenido en torno a la promulgación de la Ley N° 30021, "Ley de promoción de la alimentación saludable para niños, niñas y adolescentes", mal llamada "Ley de la Comida Chatarra",  gracias al abuso de este último término por parte de sus promotores, ha empezado a inquietar el tema del Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar. Esta vez aplicándoles a los pro consumidores el mismo karma despectivo con el mote de "perromueteros" o "legisladores chatarra".

Ya hemos dejado sentada nuestra posición sobre ambos proyectos. Al menos con el detalle suficiente para atrevernos a desestimar la relevancia de las mismas como solución al problema del sobreendeudamiento, que hemos expuesto en anteriores entradas. La novedad es que la reacción ha descendido al mismo nivel, y queremos comentar una intervención que ejemplifica la misma carencia de conceptos en torno al tema.

Sinceramente siento vergüenza de exponer este debate donde parece que unos han estado ausentes de los cambios en este mundo, y desconocen las lecciones extraídas de la última crisis financiera, frente a otros que plantean soluciones basadas quizás en buenas intenciones, pero sin más sustento que simples suposiciones.

Digo "parece" porque estoy seguro de que no soy el único que nota las deliberadas omisiones en ambos discursos. En este caso, centrándonos puntualmente en la tendenciosa opinión vertida en la entrevista  mencionada, advertimos las siguientes falencias:

1. Se encarecerán los créditos y aumentará la morosidad. 

¿Es posible imaginar tasas de interés más altas que las actuales? ¿Se ha considerado ya el alto nivel de endeudamiento de las familias hoy en día? Sinceramente No.
Los créditos siempre conllevan un riesgo implícito. El riesgo se encarece o abarata de acuerdo al perfil crediticio del consumidor. Quien está en mejor condición de conocer la capacidad financiera de uno es precisamente quien le brinda el servicio de financiamiento. Por eso el tema del costo de los créditos y los indices de morosidad no pueden discutirse al margen de las malas prácticas y los abusos bancarios en el otorgamiento del mismo.

2. Se fomenta el "perro muerto", porque se suspende la exigibilidad de los créditos para permitir una negociación, que finalmente será evaluada por un funcionario público.

Que es lo mismo que sucede con los concursos de empresas. Está crítica no tiene ningún sentido a menos que nos fijemos en las causales mal redactadas que amparan al consumidor insolvente. Este error es fácilmente corregible con una mejor precisión de éstas.

3. Se convierte a los acreedores en seguros.

Una nueva legislación debe hacer responsable no sólo al consumidor, sino también al acreedor de los créditos que otorga. Para eso tomemos en cuenta que las entidades financieras ya cobran altas tasas de interés por el riesgo crediticio al que se exponen. O sea, ya son seguros de sí mismas y eso parece no inmutar a nadie.

4. Se traslada el costo a los deudores solventes y restringe el crédito para quienes quieren acceder a él.

Este es un argumento que merece resaltarse porque es precisamente lo que ya ocurre actualmente y demuestra el grave desconocimiento de la realidad de los créditos. Si no existen barreras notables en el acceso al crédito, es precisamente por los altos intereses que pagamos hoy en día, y que van a cubrir ese porcentaje de créditos no recuperables. 

5. Existe la inembargabilidad de bienes y protecciones que aseguran la subsistencia del deudor

Este punto resume la actitud reaccionaria de los pseudo liberales. No estamos hablando de un deudor en abstracto, sino de un consumidor, de un usuario de servicios financieros de crédito. No se trata de garantizar un mínimo de su patrimonio en el sentido más básico de sus propiedades personales, sino de garantizar su permanencia en la sociedad del consumo y la efectiva subsistencia de su núcleo familiar. 

6. Se fomenta la irresponsabilidad, corrupción y populismo.

Claro que como está plasmado el proyecto no podemos descartar que sea populista, pero sí descartamos que genere corrupción. De ningún lado del proyecto se nos cruza esa posibilidad. Los incentivos de responsabilidad dependen de una mejor precisión de las causales dignas de tutela frente a la eventual insolvencia.

7. Inconstitucionalidad de permitir la modificación de un contrato. 

La constitución sólo dice que permite pactar libremente según las normas vigentes al tiempo del contrato, y dentro de los límites del bien común y el orden público. En ningún lado se convierte a la voluntad en Ley en sí misma. Según Bullard estamos en el Siglo XIX con el contrato como ley entre las partes.
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Ahora que conocemos la opinión que identificará a los detractores de esta iniciativa podemos sacar una importante conclusión. En un hipotético debate, o simplemente en el estado actual de la discusión, ya sabemos quienes llevan las de ganar. Necesariamente van a ser los detractores.

Precisamente porque ambos lados están en la lógica de proteger al crédito y no al consumidor. Y porque al crédito se le protege mejor como siempre se ha hecho, llamando perromuertero al deudor ante el menor signo de flaqueza, apelando al sentimentalismo de la confianza depositada y al sagrado compromiso de la palabra empeñada.

Todas estas son patrañas que un estudio sincero y reflexivo del tema pueden rebatir, pero del que se está prescindiendo. Así, hasta que no iniciemos el debate con la debida seriedad, vamos a estar, como diría el maestro Francisco Umbral, discutiendo "jurispolleces".

A todo esto dejo esta página de Manuel Vazquez, que debe ser la que más se aproxime al imaginario de estos pseudo liberales respecto a los morosos.

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jueves, 16 de mayo de 2013

Discurso del Papa Francisco sobre el Sistema Financiero


Texto completo del discurso del Papa Francisco


Señores Embajadores

Me alegra acogerlos con ocasión de la presentación de las Cartas que los acreditan como Embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de sus respectivos países ante la Santa Sede: Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana. Las amables palabras que me han dirigido y que agradezco profundamente, testimonian que los Jefes de Estado de sus países tienen el anhelo de desarrollar las relaciones de estima y de cooperación con la Santa Sede. Les agradezco que ustedes quieran transmitirles mis sentimientos de gratitud y respeto, asegurando mis oraciones por ellos y por sus conciudadanos.

Señores Embajadores, nuestra humanidad está viviendo en la actualidad como un momento álgido de su propia historia, teniendo en cuenta los avances registrados en diversos campos. Debemos alabar los logros positivos que contribuyen al auténtico bienestar de la humanidad, como por ejemplo en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, también hay que reconocer que la mayoría de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en precariedad cotidiana, con consecuencias funestas. Algunas patologías aumentan, con sus consecuencias psicológicas, el miedo y la desesperación se apoderan de los corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante. Se tiene que luchar para vivir, y, a menudo, para vivir sin dignidad. Una de las causas de esta situación, en mi opinión, se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades. De este modo, la crisis financiera que estamos viviendo, nos hace olvidar que su primer origen se encuentra en una profunda crisis antropológica ¡en la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano.

La crisis mundial que afecta las finanzas y la economía parece poner de relieve sus deformidades, y, sobre todo, la grave falta de su orientación antropológica, que reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo. Y peor aún, el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar. Esta deriva se verifica a nivel individual y social. Y además ¡es promovida! En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, se considera a menudo contraproducente, contraria a la racionalidad financiera y económica. Al tiempo que los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial, los de la mayoría van disminuyendo. Este desequilibrio proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando de este modo el derecho de control de los Estados, aun estando encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone de forma unilateral y sin remedio posible, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y el crédito alejan a los Países de su economía real y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de poseer se ha vuelto sin límites.

Detrás de esta actitud se encuentra el rechazo de la ética, el rechazo de Dios. ¡Igual como la solidaridad, la ética molesta! Se considera contraproducente; demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder; se ve como una amenaza, porque rechaza la manipulación y el sometimiento de la persona. Porque la ética lleva hacia Dios, que está fuera de las categorías del mercado. Dios es considerado por estos financieros, economistas y políticos, como no manejable, incluso peligroso, ya que llama al hombre a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética -una ética no ideológica, naturalmente – permite, en mi opinión, crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los líderes gubernamentales de sus países a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros los bienes que poseemos, sino suyos” (Homélie sur Lazare, 1, 6: PG 48, 992D).

Queridos Embajadores, sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez que comportara una reforma económica saludable para todos. Sin embargo, esto requeriría un cambio audaz de actitud de los dirigentes políticos. Les exhorto a que afronten este reto, con determinación y visión de futuro, por supuesto, teniendo en cuenta la naturaleza específica de sus contextos. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promoverlos. El Papa insta a la solidaridad desinteresada y a un retorno de la ética en favor del hombre en la realidad económica y financiera.

La Iglesia, por su parte, siempre trabaja para el desarrollo integral de cada persona. En este sentido, ella recuerda que el bien común no debe ser una simple suma, un simple esquema conceptual, de calidad inferior, añadido a la agenda política. La Iglesia anima a los gobernantes a estar verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos. Exhorta a los dirigentes de las realidades financieras a tomar en consideración la ética y la solidaridad. ¿Y por qué no acudir a Dios para inspirar los propios diseños? Se formará una nueva mentalidad política y económica que ayudará a transformar la dicotomía absoluta entre lo económico y lo social en una sana convivencia.

Por último, saludo con afecto, a través de ustedes, a los Pastores y los fieles de las comunidades católicas en sus países. Les insto a continuar su testimonio valiente y gozoso de la fe y del amor fraternal enseñados por Cristo. ¡No tengan miedo de ofrecer su contribución al desarrollo de sus países a través de iniciativas y actitudes inspiradas en las Sagradas Escrituras!

Y en el momento en que comienzan su misión, les ofrezco, señores Embajadores, mis mejores deseos, asegurando la cooperación de la Curia Romana para el cumplimiento de su función. Con este fin, de buen grado, invoco sobre ustedes y sus familias y sus colaboradores, la abundancia de las bendiciones divinas.

domingo, 12 de mayo de 2013

Espero sus comentarios y sugerencias

Estimados Lectores:

Estuve revisando últimamente el diseño del Blog y acabo de advertir que tenía inhabilitada la opción de comentarios. Ya corregido este defecto pueden comentar en las entradas respectivas; e incluso, si lo prefieren, guardando el anonimato. 

Se trató de un error mayúsculo pues el propósito de este Blog es el intercambio de conceptos, así que estaré muy atento a sus opiniones y presto a absolver cualquier pregunta puntual o las aclaraciones que se precisen.

Agradezco la gentileza de su atención y más aún si comparten estas lineas con sus recomendaciones por las redes sociales. Ello por la importancia de generar espacios de diálogo sobre un tema tan trascendente como son los créditos de consumo y la tutela frente sobreendeudamiento.

Atte.,
Abg. José R. Nina Cuentas.
joseninac@gmail.com

miércoles, 8 de mayo de 2013

Comentarios al Proyecto de Ley que Faculta el Refinanciamiento de Deudas...

         Luego de presentar el anterior análisis respecto al Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar, hemos tomado conocimiento de otro proyecto propuesto por el congresista Agustín Molina Martinez. Si el anterior nos desmotivó a la mitad del análisis, esté lo hace desde el primer asomo con un titulo bastante repelente para quien haya estudiado el tema. Es el proyecto: "Ley que Faculta el Refinanciamiento de Deudas en Defensa de los Consumidores sobreendeudados por causas ajenas a su Voluntad"


         ¿Faculta los refinanciamientos? El problema con esto es que es muy puntual. Se enfoca en un aspecto importante de la problemática del sobreendeudamiento, pero que no puede ser la ratio de una regulación integral de dicho fenómeno. De por sí todo refinanciamiento debe ser concedido para facilitar el cumplimiento de una deuda, y la negación del mismo puede constituirse como un ejercicio abusivo de acreedor. El titulo de este proyecto implica que pasamos de dicha abusividad a la exigibilidad expresa de favorecer al consumidor con una adecuada refinanciación. Con ese titulo uno esperaría una detallada mención de los criterios pro consumidor para realizar correctamente esta operación.  

       Pero sigamos con el resto del titulo ..."sobreendeudados por causas ajenas a su Voluntad". Definitivamente el que tituló este proyecto no tiene idea de lo que es el sobreendeudamiento en todas sus dimensiones. Como ya hemos mencionado en este Blog, el sobreendeudamiento es la muerte del consumidor, es la perdida de su estatus como tal. El sobreendeudamiento es una situación indeseable porque es dejar de consumir. Es el destierro de la sociedad del consumo, que conlleva a la exclusión social y al descenso a sectores marginados.

      No hay tal cosa como sobreendeudamiento "voluntario" sin más. Sería más propio hablar de sobreendeudamiento de buena fe y de mala fe. La buena fe es la lealtad y el desconocimiento de que mi estado financiero me impide contratar créditos, en tanto que contratamos un servicio profesional que evalua el mismo como favorable para asumir dicha deuda. 

       La mala fe en la contratación de un crédito es el ocultamiento de mi estado financiero o de las circunstancias presentes que me impedirían solventar la deuda contraída. O sea, PRIMERO ya era insolvente y continúo empeorando mi situación. 

       El sobreendeudamiento, propiamente hablando, es algo más que una conducta de un consumidor. Es una realidad que comparten tanto acreedores como deudores y no se puede juzgar la misma sin evaluar también el comportamiento del concedente del crédito. En otras palabras, el sobreendeudamiento puede ser tan voluntario para el deudor como para el acreedor. 

        Cuesta imaginar a un consumidor que se crea capaz de evadir a sus acreedores en la sociedad del consumo, pero aún en el caso patológico de quien se endeuda a ciegas con créditos debe existir un marco de ORDEN PUBLICO a respetarse en el mercado. Antes de conceder un crédito uno debe conocer la capacidad financiera del consumidor. Con lo de "causas ajenas a su voluntad", se está legitimando el abuso en tanto sea "voluntario". ¿Qué tan ajeno a la voluntad es un divorcio o separación? ¿y si provoco el despido? La cosa suena a que sólo la fatalidad abre oportunidades a los insolventes, y se abandona a los "irresponsables" a ser acechados por sus acreedores sin limite alguno. Con supuestos así se pueden esperar conductas fraudulentas como moneda corriente.

           Me gusta lo de "derecho de subsistencia del nucleo familiar" y la mayor amplitud, respecto al anterior proyecto, de comprender los créditos otorgados no sólo por entidades financieras, sino también las simplemente comerciales 

      En los principios debería aparecer expresamente el limite a los derechos patrimoniales de los acreedores. Aunque señala el de "Prevalencia de Derechos Fundamentales", y si bien el Mínimo existencial está implícito en el Principio de Dignidad de las personas, este límite indisponible al ejercicio de tales derechos tiene un carácter fundamental para toda la regulación.

         Siguen artículos innecesarios que repiten las obligaciones de las Entidades Financieras.  Ya hicimos presente nuestras objeciones a que sea Indecopi la entidad competente para este tema. Se repite el error de las "causales" anteriormente criticadas en el otro proyecto. Así reiterado suena tedioso insistir en lo alienante que es la sociedad del consumo para que ante una situación grave lo primero en que vayamos a preocuparnos sea en el estatus de consumidor de una persona. 

        En fin, todo lo que vemos en este proyecto, al igual que el anterior, es un remedio a "situaciones excepcionales" o "causas ajenas a la voluntad del deudor". La paradoja es que para este propósito está de más hablar de responsabilidad en el crédito o de cualquier prevención que no sea el mecanismo de seguros. Pero como hemos expresado en anteriores entradas, lo que se ve como accidental (sobreendeudamiento), y digno de tutela en casos extremos, es realmente una certeza dentro del panorama actual de las concesiones de crédito. Por eso está de más pensar en los seguros, que cubren riesgos.

Ambos proyectos pasan por alto la revisión integral que amerita la regulación de los créditos de consumo. Si no conocen bien el origen del problema, no pueden plantear el remedio. 


La regulación del sobreendeudamiento no encaja en un esquema donde no se sanciona el otorgamiento abusivo del crédito y las refinanciaciones predatorias. Lo que no se dice es la innegable realidad de que tenemos un sistema de créditos en crisis, esto es, con un modelo de negocios insostenible. Enfoquémonos en las causas reales del sobreendeudamiento y no sólo en las "excepcionales".  

       Nuestros legisladores ven al crédito sólo como una "FACILIDAD" exclusiva para el consumidor, y le dan por eso soluciones de "Facilidades" de pago, que en este caso son más flexibles porque son contingencias graves. Así se continua con una visión unilateral del crédito que carga sobre las espaldas del consumidor el peso de un mercado del que le siguen diciendo que es soberano.


Siguiente artículo:

Una Ley de Insolvencia más trascendente que el Código de Consumo (Próximamente).



lunes, 6 de mayo de 2013

INFORME - Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar

           
            El presente informe contiene el análisis jurídico respecto al Proyecto de Ley de Insolvencia Familiar (PROYECTO DE LEY Nº 2037/2012-CR). La misma que se presenta como una iniciativa innovadora de gran trascendencia frente al fenómeno del endeudamiento insostenible de los consumidores.
   
    La principal conclusión de nuestro análisis es la insustentabilidad del Proyecto de Ley presentado. Asimismo hacemos notar que carece de estudios jurídicos, económicos y sociales para comprender la realidad actual del crédito en nuestro país. El proyecto expone tal desconocimiento de referentes académicos y comparativos que no sólo no puede servir como un marco jurídico eficaz y eficiente para regular la situación de los deudores que tengan dificultades financieras, sino que invariablemente terminará empeorando la situación de los consumidores.



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