sábado, 27 de abril de 2013

CONCLUSIONES PARCIALES


En primer lugar, que el crédito al consumo es una facilidad para las transacciones, pero no es dinero fácil. Es un servicio que debe brindarse con responsabilidad. No sólo considerándola en el propio beneficio del proveedor, sino también en beneficio del consumidor y de la sociedad.

La protección que se brinda a los consumidores en la adquisición de bienes y servicios a crédito es, en el estado actual de la situación, incompleta. Se sostiene únicamente en una visión informativista y con ello no previene los abusos que se puedan cometer contra el consumidor, especialmente de los sectores de la población más vulnerable, así como no previene los nuevos riesgos que trae la sociedad del consumo, específicamente el sobreendeudamiento.

Las medidas de protección en la fase de formación del contrato de crédito al consumo deben darle relevancia al trato justo y equitativo a los nuevos consumidores. La publicidad debe ser moderada por cuestiones sociales y la oferta debe perseguir la mejora de las condiciones financieras del consumidor, y jamás un empeoramiento del mismo.

Además de la transparencia, debe promoverse el deber de aconsejamiento, que consiste en orientar al consumidor, adaptando la información a su capacidad de comprensión. El proveedor de servicios financieros debe conocer la situación del consumidor, analizar sus necesidades para darle alternativas de elección, y sugerirle la más adecuada para sus intereses.

La idoneidad del servicio de financiamiento se valora en función al cuidado que se ha tenido para conceder el crédito, y para responder adecuadamente a situaciones que puedan afectar su cumplimiento. Tradicionalmente ya se evaluaba la solvencia del consumidor, por ser esencial para el negocio de concesión de créditos, pero el nuevo enfoque es que las precauciones deben tomarse también en beneficio de los propios consumidores, que pueden tener problemas financieros sin saberlo.

El préstamo no sólo es abusivo por las condiciones introducidas en el contrato, sino porque no debió concederse si se hubieran tenido en cuenta los intereses y las circunstancias personales de los consumidores prestatarios (no sólo la solvencia). El crédito irresponsable no sólo es un servicio inidóneo, sino que debe ser severamente combatido por sus terribles efectos sociales.

Por último, debe diseñarse un sistema de rehabilitación financiera para los consumidores que han caído en la situación de sobreendeudamiento. Es necesario que se les ayude a recuperarse y restablecer su libertad financiera. No hay que premiar a los deudores irresponsables, pero tampoco a las entidades sobreendeudadoras, porque no sólo hay un endeudamiento insostenible del consumidor, sino también un enriquecimiento patológico y cortoplacista por parte de las entidades financieras.


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