lunes, 7 de enero de 2013

[Artículo] La Educación y Cultura Financiera


LA EDUCACIÓN Y CULTURA FINANCIERA EN EL PERU      
            Las personas toman diariamente decisiones que pueden tener grandes consecuencias para su patrimonio y bienestar, por ende necesitan tener claridad sobre la forma de cómo deberían actuar. La educación financiera no se proyecta sólo a temas de ahorro y crédito, sino que está referida a decisiones más amplias como los planes de pensiones y de salud, comprar pólizas de seguros, declarar impuestos y calcular retenciones. La educación financiera es fundamental para sostener el desarrollo crediticio. Enseñar a los ciudadanos cómo cuidar de su patrimonio es tan importante como enseñar a leer y escribir. Por ende, el Estado debe inculcar en sus ciudadanos una educación que les permita visionar a mediano y largo plazo sus asuntos financieros, así como una planeación de su gasto en función a sus ingresos, deudas y ahorros.
De hecho, lo señalado forma parte de un deber de los Estados de preparar a sus ciudadanos para que puedan realizarse en sociedad. Nace de la necesidad de una educación integral, porque, según se entiende, “El acto de consumir de manera pura no existe, pues preexisten siempre términos sociales y económicos que le preceden dentro de un sistema de intercambio[i]. “El hecho de consumir está formado por un conjunto que funciona como un lenguaje, dentro de una totalidad relacional (cada elemento no es aislable del resto de elementos, no se puede aprehender el sentido más que en relación con el todo)”[ii].


Este derecho a la educación financiera de los consumidores está plasmado expresamente en las Directrices de las Naciones Unidas para la Protección del Consumidor (ampliadas en 1999) (A/C.2/54/L.24) de la siguiente forma:
          Directrices ONU (…)
            Instan a promover y proteger los intereses económicos de los consumidores
            Sección B
35. Los gobiernos deben formular o estimular la formulación de programas generales de educación e información del consumidor. El objetivo de tales programas debe consistir en capacitar a los consumidores para que sepan discernir, puedan hacer elecciones bien fundadas de bienes y servicios, y tengan conciencia de sus derechos y obligaciones. (…)
37. Los programas de educación e información del consumidor deben abarcar aspectos de la protección del consumidor tan importantes como los siguientes: (…)
e) Información sobre pesas y medidas, precios, calidad, condiciones para la concesión de créditos y disponibilidad de los artículos de primera necesidad;(..)”
En ese sentido, en el escenario actual de nuestro país existe un Plan de Cultura Financiera 2009 – 2011, elaborado por la Gerencia de Comunicaciones e Imagen Institucional Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, en el que se conceptúa a la cultura financiera “como la capacidad de la población de informarse de los productos financieros a los cuales tiene acceso y la evaluación real de sus capacidades, tanto para el pago de las deudas que adquiere como para el ahorro familiar, así como el conocimiento adecuado para beneficiarse de los productos bancarios, de seguros y jubilatorios que existen actualmente en el mercado nacional”; y cuya difusión “contribuirá a promover un uso eficiente de los productos del Sistema Financiero que incrementar el bienestar de los usuarios, elevar la confianza del público en el Sistema Financiero e incrementar la competencia entre las entidades por ofrecer mejores servicios.”[iii]. Esta iniciativa ha sido resaltada internacionalmente, como se ve en el documento “Financial Access 2010: The State of Financial Inclusion Through the Crisis[iv].
A ello se debe resaltar también el Diseño Curricular Nacional De la Educación Básica Regular que rige desde el 2009, aprobado mediante Resolución Ministerial Nº 0440-2008-ED, que incluye temas financieros[v]. Así también podemos mencionar los planes del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) considerada como un “Modelo de inclusión social en un eje temporal de mediano plazo de la política de Desarrollo e Inclusión Social”, en el cual “(…) Se concibe la inclusión financiera como un estado en el cual las personas tienen acceso a servicios financieros de calidad, en condiciones adecuadas a su entorno y de acuerdo con sus necesidades; asimismo, deben contar con la información completa y suficiente para tomar decisiones apropiadas. La inclusión financiera es un instrumento para lograr la inserción de los usuarios de los programas sociales en el mercado y para impulsar la construcción de ciudadanía. (…)”[vi].
No obstante, no es suficiente una “educación pasiva” del consumidor acerca de las patologías del mercado de crédito, donde las fuerzas psicológicas direccionan su voluntad. Por eso ya se habla de pasar de la educación financiera a la construcción de capacidades financieras [vii]. Así, las capacidades básicas identificadas son:
  1. Usar los recursos financieros existentes eficientemente
  2. Mantener un record de ingresos y gastos
  3. Planear el futuro
  4. Tener una mejor planeación financiera
  5. Escoger productos adecuados
  6. Mantenerse informados sobre temas financieros.
  7. Evitar el sobreendeudamiento
De esta forma, lo dicho no es sólo un compromiso de los Estados con sus ciudadanos, sino también de las entidades financieras con sus clientes. Tal como se ha señalado “La labor de educar es una responsabilidad nueva para las entidades financieras, poco expertas en esta materia, que además carecen de una orientación clara sobre su alcance”[viii]. Eso es fácilmente constatable dada la novedad del tema y su reciente inclusión en los informes anuales de los bancos[ix]. Lo más importante es que diferencien realmente la capacidad financiera de sus clientes, asumiendo que la misma no es sinónimo de capacidad de endeudamiento.
No se trata de informar sólo como un deber exigido y sancionado, sino como una conducta que redunda en su propio beneficio. Aunque esto también pueda ser llevado a otros extremos. Un conocido autor de Best-Sellers como es Robert Kiyosaki ha escrito sobre el tema: “Cada vez que, en el nombre de la educación financiera, un maestro lleva a un banquero o asesor financiero al salón, en realidad están dejando que el zorro entre al gallinero. Con esto no quiero decir que los banqueros y los asesores financieros sean gente mala, sino que en realidad son agentes de los ricos y los poderosos, y que su labor no consiste en educar sino en reclutar futuros clientes” (La conspiración de los Ricos).
En general, la cultura financiera de los clientes de una entidad financiera no sólo se refleja en el bienestar individual o familiar de cada uno de ellos, sino también en la mejor gestión de riesgos que hacen las empresas. Indirectamente, incluso, estamos hablando de un aprendizaje social porque la lógica de consumo es de tipo «semi-colectivo». Así, se puede acotar con los estudios sociales del tema que: “En efecto, el uso de tarjetas es asumido – en especial por aquellos actores con más experiencia – como un proceso de aprendizaje, personal y mediante los co­nocimientos adquiridos a través de la red social. En este sentido, la educación financiera del crédito se relaciona con contextos informales de socialización en donde las conversaciones con familiares, amigos o gente del trabajo, y la información recibida por los medios de comunicación de masas (a través de reportajes y noticias), sirven como guías de la administración financiera”[x].
            La educación financiera es una condición esencial para el crecimiento económico sostenible debiendo ser materializada como un proceso gradual, así como también la inclusión financiera y el acceso al crédito son graduales.  En consecuencia, es lógico que tengan que existir distintos niveles de uso de acuerdo a la formación financiera del cliente.
            Así como la bancarización no se reduce a simplemente abrir una cuenta corriente, la accesibilidad del crédito no se reduce a comprar a crédito como cualquier otro estándar en el mercado. Se trata de que el crédito sea accesible no sólo como un estándar de contratación cualquiera, sino de que sea accesible en su conocimiento para una mejor utilización del mismo, que se adecue a los intereses de los clientes. Para ello los bancos tienen un rol activo en la elaboración de sus productos y servicios de acuerdo al perfil y los intereses del consumidor.
            El objetivo central es evitar el acceso financiero negativo y promover una inclusión financiera responsable, de forma adecuada a sus necesidades, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas[xi]. En el caso de los créditos al consumo estamos hablando de un eje que permite el funcionamiento de otros mercados, así que en realidad implica e involucra también una educación para el consumo. Ello sin olvidar que el buen manejo del crédito es también una responsabilidad financiera familiar y social.
            Finalmente podemos decir, con respecto a la generación de una cultura financiera en la población, que existe un rol informativo a cargo de las entidades proveedoras de estos servicios, y un rol formativo a cargo del Estado. Ambos en conjunción permiten la planificación financiera de las familias.




[i] ALONSO, Luis Enrique. Prólogo a BAUDRILLARD, Jean. La Sociedad de Consumo. Sus Mitos, sus Estructuras. Trad. Alcira Bixio. Siglo XXI de España Editores; Madrid, 2009. Pág. XLIV.
[ii] Ídem., Pág. XLV.
[iii] GERENCIA DE COMUNICACIONES E IMAGEN INSTITUCIONAL SUPERINTENDENCIA DE BANCA, SEGUROS Y AFP. Op. Cit., Pág. 13.
[iv]Peru is one of the few economies where the regulator is fully committed to financial education programs. Within the framework of Peru’s financial education plan, the Division of Products and Customer Care has implemented a wide array of activities, from information campaigns to education of schoolteachers and creation of virtual classrooms on its Web site”. Consultative Group to Assist the Poor / The World Bank Group. Pág. 17.
[v] El Perú es el primer país de la región en incorporar contenidos de temas financieros en la currícula escolar de educación secundaria (Diseño Curricular Nacional 2009).
[vi] “MIDIS: cien días Rendición de cuentas y lineamientos básicos”. Perú - Ministerio de Inclusión Social. Enero 2012.
[vii] HEIMANN, Ursula. ¿Cómo Evaluar Programas de Educación Financiera no Lucrativos? Social Performance Assessment: Una metodología práctica. CLEF; Lima, 18 a 20 de octubre 2011. http://www.felaban.com/archivos_actividades_congresos/Ursula%20Heimann.pdf
[viii] ASOBANCARIA. “Discurso Introductorio al I Congreso de Protección al Consumidor Financiero y Educación Financiera”. 5 y 6 de mayo de 2011, Bogotá-Colombia.
[ix] “(…) 28. Del mismo modo, la crisis ha servido para subrayar la importancia de la divulgación de información y de la transparencia para mantener la confianza en los bancos, al permitir a los participantes del mercado entender mejor su perfil de riesgo y reducir así las incertidumbres sobre su fortaleza financiera. En reconocimiento de lo cual, se ha agregado otro Principio Básico para proporcionar más orientación sobre las prácticas de supervisión en esta área”. COMITÉ DE SUPERVISIÓN BANCARIA DE BASILEA. “Principios Básicos para una supervisión bancaria eficaz”. Documento de consulta. Diciembre de 2011. Pág. 7.
[x] BARROS, Macarena. En: OSSANDÓN, J. (Coord.), Destapando la Caja Negra. Sociologías de los Créditos de Consumo en Chile. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, ICSO Universidad Diego Portales. 2012. Pág. 120.
[xi] MARIO, Sergio. “Bancarización e Inclusión Financiera en Brasil”. FELABAN, julio de 2011. En: http://www.felaban.com/archivos_actividades_congresos/sergio%20Vasconsuelos.pdf


No hay comentarios:

Publicar un comentario