sábado, 29 de septiembre de 2012

Fraude. Por qué la gran recesión


TÍTULO ORIGINAL Fraude. Por qué la gran recesión
AÑO  2012
DURACIÓN Trailers/Vídeos 68 min.
DIRECTOR JJ.Mercado
GUIÓN JJ.Mercado
MÚSICA Varios
FOTOGRAFÍA Daniel García
REPARTO Documentary, Jesús Huerta de Soto, Juan Ramón Rallo, Carlos Rodríguez Braun, Daniel Lacalle, María Blanco, Ned Naylor-Layland, Philipp Bagus, Steve Baker, Witold Falkowsky, Toby Baxedale
PRODUCTORA Amagifilms
GÉNERO Documental | Política. Crisis económica actual. Bolsa & negocios. Trabajo/empleo
SINOPSIS La gran recesión no ha sido culpa del libre mercado. Por contra, su causa debe buscarse en la profunda intervención del estado y los bancos centrales en la economía, provocando, de manera fraudulenta, ciclos recurrentes de expansión artificial, burbuja y recesión económica que terminan pagando todos los ciudadanos. (FILMAFFINITY)

No es que comparta las afirmaciones el Documental, pero para críticar al sistema con fundamentos hay que conocer la opinión de sus defensores. 
*
Y No sé Uds., pero el Economista que sale en mecedora (Huerta de Soto) se mueve tan nerviosamente que parece que estuviera mintiendo. Las respuestas  de algunos entrevistados son muy específicas o breves, como que se cuidaran de no decir mucho para no contradecirse. 
Véanlo y opinen.
HOY, 29 de septiembre, a partir de las 21.00 (hora de Madrid)
el 
Instituto Juan de Mariana emitirá por su canal de streaming
un debate sobre el documental FRAUDE: por qué la gran recesión
.

***

viernes, 28 de septiembre de 2012

¿Que es el sobreendeudamiento?


deuda
Se produce un sobreendeudamiento cuando el patrimonio y los ingresos de un hogar no cubren el pago de sus necesidades básicas y de las obligaciones contraídas con sus acreedores.
De hecho, si la suma total de las deudas supera el 40% de la renta familiar disponible, la familia se encuentra en una situación de alto riesgo de sobreendeudamiento.
Las circunstancias más comunes por la que se puede padecer el sobreendeudamiento son las siguientes:
1-La pérdida del empleo durante un largo tiempo, hace que se recurra a los créditos de consumo y líneas de crédito, además,  al uso de tarjetas     de         crédito,   para   solventar los gastos durante ese periodo.
2-La iniciación de un negocio fallido origina unas deudas que, a menudo, exceden la capacidad de pago.
3-Ser víctima de una estafa o fraude (empresas fantasmas que actúan en Internet, negocios piramidales, etc.) puede producir situaciones de impago.
4-El desconocimiento de cómo funcionan ciertos productos financieros hace que se quede atrapado en altos intereses, lo que puede dar lugar a una espiral de deudas.
5-Un suceso imprevisto en algún miembro de la familia (un accidente, una enfermedad, la defunción, etc.) puede dificultar el abono de una deuda contraída.
6-Una conducta negligente, en la que no se controla el nivel de gastos, hace que se asuman créditos excesivos a los que no se puede hacer frente.
7-Los créditos rápidos sólo deben solicitarse cuando se han agotado otras alternativas, porque tienen un interés superior al 20%

Pautas para evitar el sobreendeudamiento

Los criterios que deben seguirse para evitar llegar a una situación de sobreendeudamiento son sencillos, aunque no siempre fáciles de llevar a cabo.
Ampliar los plazos de la hipoteca: Cuanto mayor es el plazo de devolución del préstamo hipotecario, menor es la cuota mensual que se debe pagar. Sin embargo, el coste total de adquisición de la hipoteca es más elevado, ya que se ha desembolsado más dinero por los intereses. Por ello, el plazo más adecuado es el más breve posible, sin que el abono mensual sobrepase los limites de riesgo de sobreendeudamiento.
Buscar una refinanciación de la deuda: Cuando se tienen varios préstamos contratados a un interés elevado, se puede negociar con el banco un proceso de refinanciación de deuda, que consiste en una reagrupación de los créditos a un tipo de interés menor.
Contratar los créditos de forma correcta: Se debe reducir las deudas, abonando primero las más apremiantes y las de menor cuantía. En cambio, no conviene solicitar un crédito para adquirir bienes prescindibles, puesto que se devuelve mucho más de lo que se pidió, debido a los altos intereses.

Además, en la medida de lo posible, conviene evitar

Los créditos personales: La entidad pone a disposición del consumidor un capital para una finalidad concreta (un negocio, una intervención quirúrgica, etc.), pactándose unos plazos de reembolso. En la actualidad, los créditos personales se conceden a un interés que ronda el 15%.
Los créditos al consumo: En ellos, el capital prestado se destina en exclusiva al pago de una determinada compra. Los créditos personales al consumo se utilizan para la adquisición de bienes y servicios de uso familiar y personal en temas como automóvil, reformas del hogar, etc. y tienen un tipo de interés muy alto.
Los créditos rápidos: Son de pequeña cuantía (1,000 a 10,000 pesos), se asocian a situaciones de consumo imprevisto y tienen un coste muy alto (por encima del 20%). Solo deben solicitarse cuando se han agotado otras alternativas.
Evitar los sobregiros en cuenta corriente: Los sobregiros en la cuenta corriente tienen un alto interés por parte de los bancos y se sitúan entre el 8,5% y el 25%, en función del tipo de cuenta corriente y entidad. Financiar una compra a través de un sobregiro supone un aumento del riesgo de sobreendeudamiento, por el alto coste que conlleva y porque, a partir de ese momento, el banco presentará una mayor dificultad a la hora conceder un crédito. Por otra parte, tampoco se debe cubrir el sobregiro a través del uso de tarjetas, ya que el coste del tipo de interés aplicado a la tarjeta se suma al del sobregiro.
Asimismo, hay que tener presentes las fechas de vencimiento de pagos de deudas para evitar penalizaciones por demoras.
Tener las tarjetas justas: La utilización de tarjetas de credito incita a un mayor consumo, puesto que no se tiene la percepción de que se ha gastado. Por ello, conviene tener las tarjetas justas y cancelar las que no se emplean. Para los gastos diarios, se debe usar dinero en efectivo.
El coste por extracción de dinero en efectivo a crédito en cajeros de la propia entidad se sitúa, de media, en el 3% de la cantidad sacada. Si se hace en un cajero de otra entidad, el coste puede ascender a un 4,5%.
Asimismo, las comisiones por operaciones corrientes con entidades bancarias (mantenimiento de tarjeta, de cuenta corriente, transferencias, etc.) suponen un coste medio anual para el consumidor, por lo que conviene solicitar una rebaja al banco.
Renunciar a los gastos innecesarios: Es conveniente identificar los gastos superfluos que se pueden eliminar, reducir o aplazar hasta un momento de mayor desahogo económico y, mientras, dar prioridad a los gastos esenciales, como el pago de la hipoteca y las facturas de los suministros del hogar (agua, luz, gas, etc.).
El resto de las deudas debe abordarse según el volumen y tipo de interés que generen al mes y teniendo en cuenta la penalización por demora. Además, hay que olvidarse de las comidas fuera de casa, las celebraciones y otros gastos sociales.

Un consumidor informado tiene poder, así que al momento de hacer sus cálculos financieros tome en cuenta sobre todo el sobreendeudamiento, para asi poder tomar las mejores decisiones.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Ripley: Abusos contra el trabajador y el Cliente (A un año del Reportaje)


Se cumple un año desde que esta denuncia se hizo pública y hasta el momento no existen sanciones ni aclaraciones de ningún tipo.

I


II


domingo, 23 de septiembre de 2012

Debitocracia o Deudocracia (Documental griego, 2011)




"Deudocracia" es un documental realizado por los periodistas griegos Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou, y distribuido en internet libremente por sus autores, que busca las causas de la crisis y de la deuda en Grecia, y que propone soluciones que el Gobierno y los medios de comunicación dominantes ocultan.

Ilustra el problema de la crisis en Grecia como un fenómeno propio del Sistema capitalista financiero, que ahora afecta a España y eventualmente Portugal e Italia.





miércoles, 19 de septiembre de 2012

I Foro ASPEC sobre Sistema Financiero



Click en la imagen para ampliar:


Costo: 150 soles.


Presentación de Libro en el Congreso


PRESENTACIÓN DEL LIBRO:

"LA FAMILIA Y EL DINERO: GUÍA PRÁCTICA PARA PLANIFICAR TUS FINANZAS" 


Día:
Martes, 25 de setiembre de 2012
Hora:
 De 18:30 horas
Lugar:
Hemiciclo Raúl Porras Barrenechea del Congreso de la República
Organiza:
Congresista ANA MARÍA SOLÓRZANO FLORES, Presidenta de la Mesa de Mujeres Parlamentarias Peruanas
Informes:
Teléfono 311 -7777 Anexo:5513 / 313 -2277

***Invitación abierta:



viernes, 14 de septiembre de 2012

La pérdida de legitimidad del Congreso Español

Intervención de Alberto Garzón Espinosa en el Congreso Español hablando sobre la necesidad de un plan de rescate ciudadano y del desplazamiento de legitimidad desde el Congreso hacia la calle. 

La situación española puede ser muy aleccionadora para enrumbar mejor a países como el nuestro, que carecen de solidez democrática en sus instituciones y donde predominan los intereses de la burguesía financiera sobre la voluntad ciudadana.





ENTREVISTA AL PROF. LUIGI FERRAJOLI. INSTITUTO DE DERECHOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA (abril 2012)




sábado, 8 de septiembre de 2012

Anotaciones sobre el "Principio" de Soberanía del Consumidor [II]


          

                 Tal como lo describe Giulio Palermo: “El principio de la «soberanía del consumidor» afirma que la evaluación del funcionamiento de una economía debe depender únicamente de la medida en que se satisfacen las preferencias de los consumidores. Este principio es, en efecto, un caso particular del principio de la “soberanía del individuo”. Este último, a su vez, se basa en una dúplice consideración: 


1) el individuo en particular es el mejor juez de sus necesidades (y de sus preferencias) y de los medios más idóneos para satisfacerlas (lo que excluye actitudes paternalistas en la definición de criterios sociales de evaluación del funcionamiento del sistema); 

2) las evaluaciones sociales deben fundarse únicamente sobre evaluaciones que se manifiestan por los individuos singulares (lo que excluye actitudes éticas diversas del individualismo).

                El principio de la soberanía del consumidor restringe la soberanía del individuo en el momento del consumo, el cual, obviamente, depende de las diversas capacidades de gasto de los individuos”[I]. Precisamente por esto último, el agotarse en el momento exacto que el consumidor ha hecho su elección, es que carece de utilidad lo propuesto por Averitt y Lande.

               Siguiendo a Rothbard podemos establecer que el empleo inapropiado de esta expresión persiste como un rezago de concepciones desfasadas de lo que es la propia democracia[II] y del predominio de la teoría del orden praxeológico de Von Misses en los estudios económicos, que la aceptan acríticamente. Lo importante es la elección que les ofrezca mayor satisfacción. En ese sentido, modernamente se dice: “En la medida en que el mercado cumpla con el objetivo encomendado a la libertad contractual, la limitación de la posibilidad de que los individuos regulen sus relaciones según les parezca no resulta ser problemática. Lo relevante es que los individuos puedan escoger libremente, en el ámbito del mercado, la posibilidad que maximiza sus intereses”[III].

                Incluso  podemos ver que tal “principio” se difunde en la popularizada enciclopedia Wikipedia de Internet como la “Característica de un sistema de libre mercado donde los consumidores, a través de la demanda que generan, orientan la producción y las inversiones de las empresas. El consumidor es soberano en el sentido de que su decisión de comprar o no un cierto bien queda exclusivamente en sus manos, sin que exista ningún organismo que le impida escoger la forma en que gastará su renta”[IV].

         Siguiendo el orden de las ideas anteriormente expresadas, debemos observar que aparece textualmente en el Título Preliminar de nuestro novísimo “Código de Protección y Defensa del Consumidor” su “sujeción” al principio de “soberanía del consumidor”:

“Artículo V.- Principios.
El presente Código se sujeta a los siguientes principios:
1. Principio de Soberanía del Consumidor.- Las normas de protección al consumidor fomentan las decisiones libres e informadas de los consumidores, a fin de que con sus decisiones orienten el mercado en la mejora de las condiciones de los productos o servicios ofrecidos”.

                La carencia de una exposición de motivos dificulta una conceptualización de dicho principio. No obstante, en nuestro medio Thorne León ha expresado la siguiente distinción entre “autonomía” y “soberanía”: “La autonomía del consumidor, como principio, exige la defensa de que su elección se encuentre libre de coacción, coerción e, incluso, de cualquier forma de inducción a error que fuerce o distorsione su voluntad; mientras que su soberanía implica el reconocimiento de que, con sus decisiones, orienta la distribución de recursos en la sociedad y la decisión de los proveedores acerca de qué y cómo producir y/o ofrecer, (…)”[V].

                Como vemos, la esencia de la soberanía del consumidor es la elección. Estas elecciones son tomadas como señales que dirigen la economía. Lo dicho omite que no sólo son señales que recibe el mercado, sino también el Estado. El problema es cuando se pretende confundir o equiparar dicha “soberanía” a la de los ciudadanos y se exige como tal que el Estado imite al mercado. Tal como señalaba Von Misses, “Nadie puede considerar su posición asegurada, ni existe en el mercado derecho preestablecido alguno. Todo el mundo está sometido a la ley del mercado, a la soberanía de los consumidores”[VI]. [Énfasis agregado].

                Nosotros creemos con Elizabeth Anderson que “La autonomía que disfrutamos como consumidores incorpora una dimensión vital e indispensable de la libertad. Para ser libres, los individuos necesitan un amplio ámbito de acción en el que los terceros no le pidan cuentas ni se entrometan en sus elecciones. Los mercados de libre consumo ayudan a conformar este dominio de libertad individual  y por ello son parte indispensable de cualquier sociedad moderna justa”[VII].

                Continuamos con esta autora cuando señala que “Sólo una persona inmadura tomaría sus deseos irreflexivos como criterios suficientes para la acción. La marca de la madurez es la autonomía, el poder para cuestionar el valor de nuestros motivos y para actuar solamente sobre aquellos motivos que aprobamos reflexivamente”[VIII].

                Esto es básicamente lo mismo que desarrolla la doctrina moderna sobre la autonomía de la voluntad “racional”, y que es un enfoque de seriedad más apropiado para estudiar las relaciones de consumo, frente al “infantilismo” hedonístico de la soberanía del consumidor. La teoría de la autonomía de la voluntad racional es más efectiva para la defensa y protección del consumidor, pues es la culminación del desarrollo doctrinario que hemos descrito en el titulo anterior. Como Claudia Lima Marques señala, “La tendencia actual es de examinar la calidad de la voluntad manifestada por el contratante más débil, en lugar de su simple manifestación: solamente la voluntad racional, la voluntad realmente libre (autónoma) e informada legitima, o sea, tiene el poder de determinar la formación y, por consecuencia, los efectos entre consumidor y proveedor”[IX].

                Precisamente la autonomía es un punto de madurez contractual tanto para el individuo como para la sociedad, y que como Anderson explica “Una persona puede difícilmente ser autónoma si no se considera con derecho para juzgar por sí misma. Estos problemas pueden ser corregidos cultivando las virtudes ejecutivas del autocontrol y la determinación, y las bases del autorrespeto”[X].

                La soberanía es un “principio” que no toma en cuenta las razones por las que existe el Derecho de consumo, y, por ende, es una metáfora jurídicamente inútil para propósitos de defensa del consumidor[XI] e incluso de la libre competencia. A esto último Rothbard se refería con: “Desde el punto de vista de la soberanía del consumidor o de la soberanía individual, no hay nada de malo en la «competencia despiadada»”[XII].

                Creemos, en consecuencia con lo expresado, que en el campo contractual únicamente podemos referirnos a la autonomía contractual, específicamente de los consumidores, con un régimen más especial si se quiere, pero no incompatible. Hablar de “Soberanía del consumidor” está de más, pues es una suposición que no puede desarrollarse más allá de su propia enunciación. Sólo se restringe a las decisiones de compra, a diferencia de otros principios económicos como la Libre competencia que tiene toda una teoría propia.

                No tenemos referencia de que algún sociólogo importante la ratifique, y, por el contrario, sí de los que la desestiman. Así, Zygmunt Bauman, notable estudioso del fenómeno consumista, ha develado el carácter ilusorio de esta aparente soberanía en el desarrollo de sus principales obras[XIII].

                En el contexto de nuestra investigación central sobre los créditos de consumo se dice también que nuestra sociedad vive un “transito” de la “soberanía del productor” a la “soberanía del consumidor”, en tanto que se pasa de una “sociedad de producción” a “una sociedad de consumo”[XIV]. Pero en realidad, como demostraremos más adelante, hemos observado lo contrario: el crédito beneficia siempre a los proveedores, pero no siempre al consumidor.

                De hecho, podemos coincidir en que “la posibilidad de tener a su alcance todo lo que necesita, incluidos los recursos financieros, lejos de haber convertido en real y efectiva la soberanía del Consumidor, paradójicamente, lo ha colocado en una situación de singular inferioridad respecto de los empresarios y profesionales”[XV]. Por ello es necesario comprender que la defensa del consumidor de crédito, y especialmente el que deviene en situaciones de sobreendeudamiento, no puede basarse en esta hipotética soberanía, sino en el principio de respeto a la dignidad de la persona humana y de su autonomía, como veremos más adelante.





[I] Ídem., Pág. 31.
[II] “La «dignidad humana», que es el valor fundamental de la democracia, como del Estado liberal, ya no es el correlato del individuo ‘aislado’ y soberano absoluto de su propio ‘espacio vital’, sino que corresponde a una ‘imagen de hombre’ fundada en el concepto de ‘persona’ (es decir en la consideración del individuo tanto en sí como en sus relaciones sociales y como relación social...)”. BALDASARRE, Antonio. Los derechos económicos, sociales y culturales. Traductor Santiago Perea la Torre. En: Serie de Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho, Nº 20. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2001. Pág. 51.
[III] SALAZAR, Diego F. “Asimetrías de Información y Análisis Económico de los Contratos de Adhesión”.  En: Berkeley Program in Law and Economics (www.escholarship.org/uc/item/3mk2r7vb).
[IV] “No es fácil percibir en toda su extensión, de un modo inmediato, el grado en que los consumidores condicionan el mercado. Estos parecen fuertemente condicionados por la publicidad y otros estímulos que influyen sobre sus decisiones. Pero si se analiza un período relativamente extenso se puede comprobar, sin dificultad, que han sido las preferencias de los consumidores las que han orientado los cambios generales de la oferta. Es a través de este mecanismo que se producen hoy una cantidad de bienes que facilitan las tareas domésticas, que se ha creado una amplia industria cultural y que se han mejorado una serie de artículos de consumo de alta demanda. La comparación con lo que ocurre en economías centralmente planificadas es por demás ilustrativa: en ellas hay una frecuente carencia de bienes de consumo, éstos son de baja calidad y escasa diversificación, y se recurre normalmente a mecanismos como el racionamiento que impiden de hecho toda escogencia”. WIKIPEDIA. “Soberanía del Consumidor”.
[V] THORNE LEÓN, Jaime. “Reflexiones en torno al proyecto de Código de Protección y Defensa del Consumidor”. Quincuagésima Reunión Intercampus. Universidad del Pacífico. 2010.
[VI] VON MISES, L., Op. Cit., Pág. 473.
[VII] Ídem., Pág. 44.
[VIII] ANDERSON, Elizabeth. “Soberanía del Consumidor vs. Soberanía de los ciudadanos: algunos errores en la economía clásica del bienestar”. En: ISEGORÍA. Nº 18. 1998. pp. 19 - 46. Pág. 20.
[IX] MARQUES, C. L., Op. Cit., Pág. 284.
[X] ANDERSON, Elizabeth.  Op. Cit., Pág. 36. “Autonomía y bienestar son metas enteramente distintas. Un individuo puede adoptar algún otro fin último además de perseguir su propio bienestar”. Pág. 21 “Llamaremos autónoma a una preferencia individual si refleja su juicio global sobre qué estado de cosas es mejor elegir”. Ídem. Pág. 27. “El bienestar de una persona o el interés propio consiste en sólo en la satisfacción de aquellas preferencias que debería adoptar por su propio bien, fuera de los motivos del amor propio”. Ídem. Pág. 21.
[XI] “En este marco de asimetría, los consumidores vienen poniendo de manifiesto que el mercado, lejos de proporcionar soberanía al consumidor, se la proporciona al productor. Este sentimiento es expresado por los consumidores al plantear la necesidad de que se modifiquen las pautas de interacción entre productores, Estado y consumidores, para que éstas se orienten hacia un modelo que garantice el cumplimiento de la soberanía del consumidor o, cuando menos, para que existan mecanismos que corrijan o limiten la soberanía de la que goza el productor. Esta reivindicación de los consumidores ha sido analizada en algunos trabajos a partir del concepto de consumerismo (Aaker y Day, [Consumerism. Search for the consumer interest], 1974), entendiendo con ello una demanda dirigida a la modificación de las relaciones de intercambio en el mercado, de forma que dichas relaciones se alejen del principio de soberanía del productor y se acerquen al de soberanía del consumidor”. RAMÍREZ PÉREZ, Antonia; NAVARRO, Clemente J.; TRUJILLO, Manuel. “Consumerismo y Movimiento de los Consumidores”. En: Reis 99/02 pp. 145-176. Pág. 146.
[XII] ROTHBARD, M. N., Op. Cit., Pág. 98.
[XIII] Cfr. BAUMAN, Zygmunt. Consuming Life. First published in 2007 by Polity Press.
[XIV] “No hace mucho tiempo aún la compra del comedor, del automóvil, era el término de un largo esfuerzo de economía. Se trabaja soñando con adquirir: la vida es vivida conforme al modo puritano del esfuerzo y de la recompensa, pero cuando los objetos están allí, es que han sido ganados, son un recibo del pasado y seguridad para el porvenir. Un capital. Hoy en día, los objetos se encuentran allí antes de haber sido  ganados, son un anticipo de la suma de esfuerzos y de trabajo que representan, su consumo precede, por así decirlo, a su producción”. BAUDRILLARD, Jean. Op. Cit., Pág. 180
[XV] ALVAREZ MARTÍNEZ, Georgina Ivón. Los Grupos de Contratos en el Crédito al Consumo. Tesis Doctoral bajo la dirección del Prof. Dr. José Luis García–Pita y Lastres; Universidad de la Coruña, 2008. Pág. 21.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El Fracaso de las Obligaciones de Informar



El objetivo de las normas que imponen a los empresarios obligaciones de información a sus clientes es mejorar las decisiones de éstos. Es decir, reducir los costes para los consumidores de adoptar una decisión racional (la que maximiza su utilidad) cuando adquieren un bien o reciben un servicio en el mercado comparando las ofertas disponibles y seleccionando la que mejor se adapta a sus deseos o necesidades.

Este modelo informativo preside la legislación europea y nacional sobre protección del consumidor. Sin embargo, se acumulan las pruebas de que no funciona. La gente no quiere información, quiere buenos consejos. Los consumidores no utilizan la información que, sin embargo, es costosa de producir (con la consiguiente resistencia del obligado a proporcionarla). Las razones son varias pero la más importante es, quizá, que procesar la información es costoso para el consumidor, de modo que un análisis coste-beneficio le llevará, a menudo, a despreciar la información ofrecida porque el coste de procesarla supera al beneficio en forma de una decisión más acertada. El coste es elevadísimo cuando se trata de consumidores de escasa en formación. Y los seres humanos tenemos una capacidad de procesar a primera vista, limitada:

The classic overload statement is Miller’s “magical number seven,” that being more or less the number of items people can keep in their short-term memory. This number is surprisingly easy to exceed.

Si los consumidores no utilizan la información – no la procesan – hay que preguntarse si la decisión legislativa de imponer su suministro fue acertada en primer lugar. A menudo, el origen de la medida legislativa se encuentra en un caso singular que no justifica una regulación general (que un consumidor se tragó la anilla de una lata). A menudo también, la regulación se limita a establecer lo que el mercado, de por sí, proporciona y, en estos casos, la regulación puede ser contraproducente porque reduce en lugar de aumentar la información de la que dispone el consumidor cuando contrata. Por ejemplo, la obligación de los bancos de publicar e informar a sus clientes de sus comisiones reduce sus incentivos para pactar o, al menos, indicar al cliente concreto el coste de la operación bancaria concreta que va a realizar (p.ej., el cliente adquiere unos valores que van a ser custodiados por el banco). El cliente sólo se percata del coste cuando recibe el extracto con el cargo correspondiente. (...)


Fuente:
http://derechomercantilespana.blogspot.com/2012/09/el-fracaso-de-las-obligaciones-de.html
 Nota: Revise en nuestros anteriores artículos artículos sobre el deber de aconsejamiento en la contratación financiera.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Anotaciones sobre el "Principio" de Soberanía del Consumidor [I]

           

          Con la “sociedad de consumo” el protagonista es el consumidor. Algunos como Carbonnier prefieren hablar de “sociedad de consumidores”, que es más apropiado para poner énfasis en las personas. En otro sentido, la “soberanía del consumidor” es una difundida expresión figurativa que fue creada por William Harold Hutt, profesor de la Universidad de Capetown en los años 30, y cuyos fundamentos defenderá en la década siguiente[i].

          
         
           Rothbard señaló en su momento lo inadecuado de este último término: “En lugar de hablar de “soberanía del consumidor”, sería más preciso afirmar que en el mercado libre hay soberanía del individuo: soberano  en  cuanto  a su persona y a sus propios bienes. Esto puede denominarse propia soberanía individual” [ii].

            Aclara dicho autor, incidiendo su crítica a lo plantado por Hutt[iii], que esta desafortunada denominación tiene erradas connotaciones políticas: “La expresión soberanía del consumidor constituye un ejemplo típico del abuso, en materia económica, de un término (soberanía) que sólo es apropiado para el campo político. Es un caso ilustrativo para demostrar cuán peligroso resulta el uso de metáforas extraídas de diferentes disciplinas. “Soberanía” indica la calidad del último y definitivo poder político; es el poder que se apoya en el uso de la violencia. En una sociedad auténticamente libre, todo individuo es soberano en cuanto a su persona y bienes y, en consecuencia, tal “autosoberanía” es la que predomina en el mercado. Nadie es “soberano” respecto de los actos o intercambio de cualquier otro. Ya que los consumidores no tienen facultad para ejercer coerción sobre los productores obligándolos a dedicarse a diversas ocupaciones o trabajos, los primeros no son “soberanos” en relación con los últimos”[iv].

            No obstante, sabemos que el empleo de dicho “principio” adquiere otras connotaciones en los estudios económicos a partir de los planteamientos de Von Misses en su famoso libro “La Acción Humana” (de 1949), el mismo en el que lo conceptualizaba en los siguientes términos: “Corresponde a los empresarios, en la sociedad de mercado, el gobierno de todos los asuntos económicos. Ordenan personalmente la producción. Son los pilotos que dirigen el navío. A primera vista, podría parecernos que son ellos los supremos árbitros. Pero no es así. Hállanse sometidos incondicionalmente a las órdenes del capitán, el consumidor. No deciden, por sí, ni los empresarios, ni los terratenientes, ni los capitalistas qué bienes deban ser producidos. Corresponde eso, de modo exclusivo, a los consumidores. Cuando el hombre de negocios no sigue, dócil y sumiso, las directrices que, mediante los precios del mercado, el público le marca, sufre pérdidas patrimoniales; se arruina, siendo finalmente relevado de aquella eminente posición que, al timón de la nave, ocupaba. Otras personas, más respetuosas con los mandatos de los consumidores, serán puestas en su lugar”[v].

          Metodológicamente Von Misses caracterizó a los consumidores con cualidades que describirían su comportamiento como infantil y frívolo: “Son como jerarcas egoístas e implacables, caprichosos y volubles, difíciles de contentar. Sólo su personal satisfacción les preocupa. No se interesan ni por pasados méritos, ni por derechos un día adquiridos. Abandonan a sus tradicionales proveedores en cuanto alguien les ofrece cosas mejores o más baratas. En su condición de compradores y consumidores, son duros de corazón, desconsiderados por lo que a los demás se refiere”[vi].

           El capitalismo impone la soberanía del consumidor, pues, como él mismo señala, en este sistema individualista, y naturalmente egoísta: “La propiedad beneficia exclusivamente a quien sabe destinataria a la mejor asistencia de los consumidores. He ahí la función social del derecho de propiedad”[vii]. Por el contrario, la intervención estatal sólo podría agravar la situación de los consumidores: “El intervencionismo ha logrado en numerosos lugares enervar de tal modo la soberanía del mercado, que le conviene más al hombre de negocios buscar el amparo de quienes detentan el poder público que dedicarse exclusivamente a satisfacer las necesidades de los consumidores”[viii].

            En ese sentido, este “principio”, es mantenido por autores como  Averitt y Lande, según los cuales: “La soberanía del consumidor existe cuando dos condiciones fundamentales se encuentran presentes. Tiene que haber una gama de opciones que se haga posible a través de la competencia y los consumidores deben poder elegir efectivamente entre estas opciones”[ix]. De acuerdo a dichos autores el principal efecto práctico de unificar una “teoría de la soberanía del consumidor” es “unificar, explicar, organizar e interpretar precedentes legales”[x], esto es armonizar el entendimiento y aplicación de las Leyes antimonopólicas y las de protección del consumidor.

          Samuelson y Nordhaus nos dicen incluso que “si se analiza cuidadosamente la estructura de una economía de mercado, observamos una doble soberanía dividida entre los consumidores y la tecnología. Los consumidores, a través de sus gustos innatos o adquiridos – expresados por sus votos monetarios – deciden los fines últimos para donde los factores de producción son canalizados”[xi].

            Esta visión liberal del mercado ha sido superada porque económica y sociológicamente las decisiones y poderes de compra no son iguales para todos los consumidores[xii]. Así, el comparativo con el ejercicio del derecho político de elegir democráticamente es insostenible, pues nadie vota más veces por tener más dinero ni, por la misma razón, tendría más posibilidades de elegir. De hecho, la soberanía del consumidor, más que un principio económico es ideológico.

Continuará en el siguiente Post...




[i] “The concept of consumers sovereignty”, Economic Journal, Nº 50, marzo de 1940, pp. 66-77.  “The Nature of Aggressive Selling.” Economica. Nº 12, Agosto de 1935, pp. 298-320.
[ii]  ROTHBARD, Murray N., Man, Economy and State. A Treatise on Economic Principles. D. Van Nostrand Co., Princeton, New Jersey, 1962.  La versión castellana del Capítulo X de la obra (en edición del Centro de Estudios sobre la Libertad de 1965) se halla en: Revista Libertas 34 (Mayo 2001) Instituto Universitario ESEADE.
[iii] “La soberanía del consumidor se convierte casi en lo Bueno Absoluto, y cualquier acto de los productores para contrariar ese ideal se considera poco menos que como una traición moral”. ROTHBARD, M. N., Op. Cit., Pág. 46.
[iv]  Ídem.
[v] VON MISSES, Ludwig. La Acción Humana. Trad. del inglés por Joaquín Reig Albiol. Unión Editorial, S.A.; Madrid, 1980. Pág. 415.
[vi] Ídem. Pág. 416.
[vii] Ídem. Pág. 993.
[viii] Ídem. Pág. 476.
[ix] AVERITT, Neil W.; LANDE, Robert H.. “La soberanía del consumidor: una teoría unificada de la Ley Antimonopólica y de Protección al Consumidor”. En: IUS ET VERITAS No. 23. Noviembre 2001. pp. 181-210. Pág. 181.
[x] Ídem., Pág. 184.
[xi] SAMUELSON, P.A. y NORDHAUS, W.D., Economía. 14ª Edición; McGraw Hill, 1996. Pág. 45.
[xii] “Las necesidades que no logran expresarse en el mercado por falta de dinero, de hecho, no existen, según la definición de eficiencia de la teoría burguesa. En definitiva, en la discusión sobre la racionalidad y la eficiencia económica del capitalismo, los individuos son tomados en consideración sólo en la medida en la cual ellos estén en condiciones de comprar y de consumir. Este principio constituye la referencia fundamental de toda la economía normativa, tanto que, según los economistas burgueses, el consumidor debe ser considerado como el verdadero “soberano” de la economía”. PALERMO, Giulio. El Mito del Mercado Global. Crítica de las Teorías Neoliberales. Editorial Intervención Cultural; Barcelona, 2009. Pág. 31.